PAT PIETRAFESA, MUCHACHA TROPI PUNK

“Me fascina la comunicación y lo que siempre hice fue comunicar”, dice Pat(ricia) Pietrafesa (AKA Pat Combat Rock), sentada en un sillón de su PH en Flores, tomando té. Y es la comunicación lo que lo resume todo: desde haber fundado dos bandas punks emblemáticas de la escena de los 80 y 90 (Cadáveres de Niños primero; She Devils, después) hasta poner la bomba más revulsivamente encantadora y bailable del punk argentino del siglo XXI: Kumbia Queers. Pasando por su condición de editora, primero del fanzine Resistencia; ahora de libros, con su editorial Alcohol y Fotocopias.

         Pat es una mujer de acción y reflexión. Y traza una línea de pensamiento y acción comunicacional, estética e ideológica, que arranca en el dadaísmo, en la segunda década del siglo XX, pasa por el situacionismo de los años 60 y concluye en la explosión punk de los 70 en Inglaterra y los Estados Unidos, y en los 80 en la Argentina. “Después de transitar mi vida punk más ultra radical, me di cuenta que había un conjunto de ideas, que si bien había tenido su explosión en los 70, venía ligado a otras movidas ligadas al pensamiento crítico de diversas formas”, explica.

         Ese punk (Pat lo pronuncia así, “punk”, como se escribe, y no “panc”) radical extremo coincide con un período histórico que tiene mucho de radical en muchos aspectos: del comienzo de la democracia, en 1983, hasta 1988, cuando se graba el compilado punk rock Invasión 88, de donde saldrían bandas como A77aque o Flema, pero en el que Cadáveres de Niños se negó a participar porque habían incluido a Comando Suicida, una banda ligada al nacionalismo filo nazi.

         “Yo era un panfleto caminando, tenía toda la ropa escrita con consignas”, cuenta Pat. “Iba a la Biblioteca José Ingenieros, a la FLA (Federación Libertaria Argentina, la agrupación anarquista), a todas las marchas. También había algunos choques con los más viejos de la FLA, que se asustaban. Pero luego el anarquismo local abrió las puertas a estas ideas. El punk renovó y puso en práctica algunas ideas del anarquismo”.

         Dice Pat que en la segunda mitad de los 80 “la lucha más fuerte fue contra los edictos policiales y en general contra la policía”. Y  agrega: “Hubo una forma que me cautivó, que tenía que ver con la autodestrucción. Pero en el mismo combo de la autodestrucción estaba hacer lo que querías, que se validara lo que te gustaba y no seguir un mandato social”.

         Pat es una eminencia del punk local, alguien que editó el imprescindible libro Resistencia, la edición completa y facsimilar de su fanzine más famoso, que sirve al mismo tiempo como manifiesto y como testimonio de vida. Pero no quiere saber nada con eso de vivir del pasado, por más ilustre que este sea. Tampoco da para entusiasmarse con el futuro, eso no va en una chica punk abanderada del “no future”. Lo mejor, entonces, es centrarse en el presente.

“Ahora lucho por tener una vida coherente con lo que siento, sentirme más cómoda con mis propios pensamientos”, cuenta, en presente. “Cada vez que la vida día a día está más lejos de lo que pienso, me asusto. Respetar, ser solidaria y poner en práctica proyectos que fomenten la autonomía y seguir cuestionando y actuando: esos son los pequeños ideales que trato de recorrer todos los días”.

¿Esas serían hoy las luchas? “No sé si luchas”, aclara, para bajarle el tono al asunto. “Ahora prefiero no hablar directamente de ‘la policía’, por más que sé el desastre que es y será la institución policial mientras exista. Ahora trato de hacer fuertes los muchos lugares ganados que hay. Y así se pueden ir cambiando cosas”. Eso lo pone en práctica, por ejemplo, en Kumbia Queers, una banda que es tan explícita políticamente en sus existencia, que no necesita ser explícita ni panfletaria en las letras.

Las Kumbia Queers nacieron casi por casualidad, y con una mezcla extraña de prejuicios hacia el género por parte de tres músicas de punk rock, integrantes de She Devils, y de un convencimiento absoluto de que había que hacer esa banda. Pat dejó todo (trabajo, casa, todo) y se fue a México. Allá debutaron ante 10 mil personas en el Zócalo, en la Marcha del Orgullo, después de estar varios meses ensayando, emborrachándose, conociéndose, peleándose, sin poder tocar cumbia, pero convencidas que no había nada mejor en la vida.

         Cuando volvieron a Buenos Aires tocaron en Niceto y allí las vio Pablo Lescano, capo de la cumbia local. “Pablo no lo podía creer, subió al escenario, le encantó. Nosotras no sabíamos tocar cumbia, éramos punk rock. A la gente le chocaba. Era un combo muy explosivo. Pero Pablo entendió todo. Es una persona muy abierta. Y más allá de lo que pensamos de sus letras, no empezamos diciendo ‘es un misógino’, sino que nos conectamos desde otro lado”.

         Pablo Lescano no sólo produjo el disco ‘La gran estafa del tropi-punk’: también tocó todos los teclados y ordenó musicalmente a la banda. Hizo que una gran idea pasara a tener aun gran sonido. Hoy las Kumbia Queers en vivo son demoledoras. Y no hay pistas, ni máquinas, ni samplers: todo está tocado en vivo por cinco chicas súper poderosas. Una de ellas, la bajista, es Pat.

“Hay gente del rock y del punk que cuando empecé me decían ¿cómo vas a hacer esta porquería?”, recuerda Pat. “Y hoy les encanta. Nosotras también debimos sortear personalmente esos prejuicios. Los primeros que rompieron esa barrera entre el tropical y punk fueron Los Auténticos Decadentes, que arrancaron tocando en festi punk. Yo compartí con ellos varios festivales. En lo personal, el quiebre fue cuando empecé a tocar en vivo y la gente se reía y bailaba. Y la energía que se producía. Estaba acostumbrada a una energía más de bronca, que llegaba a pegarte. Eso me dio mucha alegría y fue lo que me hizo seguir adelante”.

         ¿O sea que el punk de ayer es el tropi-punk de hoy? ¿Así sigue esta línea que viene desde Dadá y continúa en el situacionismo? “Para nosotras sí, ese fue el lugar por donde continuamos lo que veíamos haciendo. Me encanta el garaje, me encanta el punk rock. Pero hoy el punk toma otra forma, como hicimos nosotras. Y más cuando los más puristas se te ponen en contra. Esa otra de las cosas que disfrutamos mucho: desafiar a los puristas”, concluye Pat con una sonrisa amplia, hermosa, imposible allá por los años 80.

Publicada originalmente en revista MU, septiembre de 2015

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