EL VERSO DEL EMBRIONISMO (ANÁLISIS LITERARIO DE UN POEMA DE ESTEBAN BULLRICH)

Son muchos los ismos que se han sucedido en la política argentina en los últimos años: kirchnerismo, macrismo, sciolismo, massismo, randazzismo, por nombrar sólo algunos. Más allá de las profundas diferencias ideológicas de todos ellos, hay algo que identifica a estos robustos corpus teóricos: son ismos que se construyen en torno a una persona.

         En los últimos tiempos, han surgido también otros movimientos más ideologizados. Movimientos que, a diferencia de los personalismos mencionados anteriormente, aglutinan una ideología en torno a lo que realmente debería ser el motor de una ideología: una idea.

         El debate en torno a la legalización del aborto provocó que una ideología que parecía dormida, pues se suponía infranqueable e incuestionable a la hora de volverse ley, se despertara de su letargo y volviera a mostrar sus garras. Fue así que el embrionismo (de eso estamos hablando) salió a las calles y logró convocar una buena cantidad de gente en manifestaciones en distintos lugares del país.

         A diferencia del feminismo (que siempre acompaña sus reclamos con distintas performances artísticas) el embrionismo parecía más atado a formatos tradicionales. El masivo reclamo del 25 de marzo (oficialmente, Día del Niño por Nacer, fecha instaurada por Carlos Menem pues ese día es exactamente nueve meses antes del 25 de diciembre, con lo cual se habría consumado la cópula de la que iba a nacer Jesús) marca un antes y un después en la historia del embrionismo.

         El 25 de marzo hubo no sólo una, sino dos manifestaciones artísticas embrionistas que produjeron obras de arte memorables. Una es una escultura de un feto de varios metros de largo que fue la gran estrella de la marcha en Buenos Aires. Este superembrión deja una incógnita: al personificarse de semejante manera el embrión, ¿no está el embrionismo personificando a su líder? ¿Podemos hablar pues de una versión populista del embrionismo? ¿O se trata de una variante norcoreana, donde el embrión podría ser equiparado a Kim Jong Un?

         En todo caso, las preguntas en torno al superembrión podrían encuadrarse en las que suelen rodear a cualquier obra artística que interpela a una época. Pero esta escultura de grandes dimensiones no fue la única manifestación artística embrionista. Ese mismo 25 de marzo se publicó una obra poética que conecta con las vanguardias, es deudora por igual de la tradición popular como de lenguajes disruptivos, y lanza al embrionismo a un nuevo nivel de lectura y análisis discursivo.

         El poema YO TE AMO MAMÁ (COMO NADIE LO HARÁ), escrito por el poeta y senador Esteban Bullrich debe ser analizado en profundidad para dar cuenta de la complejidad de una época y la necesidad del arte de fagocitarlo todo. Acá va el poema completo y un análisis minucioso para entender una obra clave de nuestro lenguaje contemporáneo.        

YO TE AMO MAMÁ (1) (COMO NADIE LO HARÁ) (2)

Indefensos silencios que callan (3),
adentro del castillo (4) hecho panza (5).

Vulnerables ojitos que no ven (6),
la tormenta (7) que le aproximan a su piel (8).

Sonrisa muda de alegría (9),
pese a sentir que en breve se le irá su vida (10).

Manito tibia llena de amor (11),
que no se abrirá al sol (12) y con dolor (13).

Mejillas suaves (14) hechas para besar (15),
no conocerán los labios de su mamá (16).

Esperará con tristeza su muerte (17),
sin entender porque le corre esa suerte (18).

Tanto amor y deseos de abrazar (19),

serán mutilados (20) y en sangre se ahogarán (21).

Te amo mami no me dejes (22),
es mi amor el que quiero que te llene (23).

Quiero beber de tu pecho la vida (24)
y no entiendo quien te dice que no es mía (25).

Te amo, te necesito (26), yo te adoro (27),
y me entregan a la muerte aunque lloro (28).

Quiero que sepas que soy tu hijo (29),
ese mismo, que sin saberlo, tu corazón bendijo (30).

Ámame, abrázame (31), ya me muero (32),
y mi vida se la llevan sin un duelo.

Mi mamá no me mimará (33),
aunque yo la amaré en su eternidad (34).

Te amo mami aunque no me veas (35),
mi vida seguirá con la tuya (36) aunque no creas (37).

Te amo mamá (38). Tu hijito por siempre (39).

(1) La afirmación del yo tiene un destino dual. El yo puede referir tanto al feto como a quien escribe. Hay una simbiosis entre el yo-poeta y el yo-feto que sirva para hacer carne la gesta. “Si tocan el embión me tocan a mí”, parece ser la consigna.

(2) Un embrionismo absoluto, un embrionismo invencible porque invencible es ese vínculo con la causa. Un embrionismo resguardado por el amor hacia la madre. La madre del poeta y la madre del embrión.

(3) “Silencios que callan”: el poeta se vale del pleonasmo para subrayar la soledad y la vulnerabilidad del feto. El embrionismo se transforma así en el único guardián fetal.

(4) El vientre es visto como una fortaleza que no puede ser franqueada por el abortismo. El castillo donde vive el príncipe feto no puede ser vulnerado.

(5) Panza como elemento ameno. El coloquialismo es clave para llegar al alcance de mamus y papus que pueden conmoverse y difundir la obra embrionista en los grupos de whatsapp donde reina la emoción.

(6) Nótese cómo el “vulnerables” acompaña al diminutivo “ojitos” para reforzar la idea de debilidad en torno al feto. El embrionismo apela a la conmoción de la debilidad para erigirse en cancerbero.

(7) La imagen meteorológica es muy eficaz a la hora de mostrar devastación frente a lo inevitable.

(8) Si bien el poeta publicó el poema en un solo cuerpo, aquí se lo ha dividido en versos de a dos por tratarse de pareados. Es decir, rimas de a pares. Y aunque en la mayoría de los casos se trata de endecasílabos, hay casos como este, en que la cantidad de versos es mayor. Pero en otras es menor. Las rimas son siempre entre dos versos y son asonantes, como ocurre por ejemplo en los romances.

(9) Un verso extraño. ¿La sonrisa es muda porque se presiente el peligro? ¿O porque el embrionismo admite que, más allá de su defensa incondicional, es cierto que el feto aún no se ha transformado en una persona con todos sus signos vitales? Y si la sonrisa es muda por el peligro, ¿por qué es “de alegría”?

(10) Más confusión. ¿O sea que siente que se va la vida? ¿Entonces por qué la sonrisa es muda? Quizá se subraye la confusión como antesala de la tormenta anunciada anteriormente.

(11) Otra vez el diminutivo pidiendo clemencia. A eso se le suma la tibieza. El embrionismo conecta con los sentimientos 2.0 y busca emociones en un lenguaje muy común en Facebook.

(12) La manito no se abrirá al sol. La tormenta parece haber vencido.

(13) No se entiende a qué modifica sintácticamente este “y con dolor”. ¿Qué tiene que ver con el sol? La rima interna, sin embargo, fortalece rítmica y tímbricamente la idea. Parece más un recurso de la poesía fonética que del devenir lógico de un discurso.

(14) El embrionismo se despliega en un territorio de suavidad y confort.

(15) Los besos superan cualquier barrera: la sangre, la placenta, el líquido amniótico. Los besos embrionistas no conocen barreras como la viscosidad o la náusea.

(16) Si los besos definen territorialidad, los besos de una madre se erigen como Tierra Santa. El embrionismo promueve la entrada a ese territorio sagrado de los besos de madre.

(17) Esperar la muerte es un acto que siempre conlleva tristeza. Lo que se quiere reforzar aquí es la idea de resignación ante lo inevitable: la muerte. No porque el embrionismo se resigne. Se subraya, una vez más, la vulnerabilidad del feto. Una vulnerabilidad que lleva al embrionismo a involucrarse, a tomar cartas en el asunto. En suma, a actuar.

(18) El terror está tan próximo que la rima esta vez se vuelve consonante. La idea es emitir fonemas que amplifiquen inminente terror.

(19) Ahora el feto desea. Y no desea cualquier cosa: desea abrazos. Desea amor.

(20) La mutilación del deseo: el embrionismo apela a la castración. Eros se hace presente para hacer más evidente el triunfo de Tanatos.

(21) Será finalmente la propia sangre la que acabe con el feto. El embrionismo es un salvavidas de vísceras que evita el ahogo en un mar sin coagulación.

(22) El feto reclama a la madre. Pero el poeta es consciente de que el embrionismo debe actuar más allá de la madre. Porque la vida la garantiza el embrionismo. Siempre y bajo cualquier circunstancia.

(23) El cruce de la madre con el verbo “llenar” propone una digresión soez que no se condice con el tono del resto del poema. Remite a aquella rima de trazo grueso que consistía en decirle a alguna persona que le mandaba saludos Esteche. Y cuando la otra persona preguntaba: “¿Qué Arteche?”, se recurría al factor sorpresa y sin aguardar un instante se respondía: “El que te llenó el culo de leche”. Es probable que el poeta haya acudido aquí, una vez más, a un elemento del lenguaje popular, para universalizar la prédica embrionista.

(24) Otra vez el trazo grueso, el coqueteo con lo soez. Si bien es cierto que es el bebé (y, por lo tanto, el feto-bebé, según la superstición embrionista) quien bebe del pecho, el verso puede dar lugar a equívocos. Excepto que, una vez más, sea el acercamiento a un lenguaje masivo lo que mueve al poeta embrionista a expresarse así.

(25) El yo-feto se vuelve omnipresente al mismo tiempo que se disuelve la presencia de la madre y del poeta.

(26) El pedido de amor es desesperado. Un amor vinculado a la necesidad. Y la necesitad, a la existencia más primaria.

(27) El yo-feto adora en su doble acepción: amor y deidad.

(28) Si bien la vulnerabilidad del feto se mantiene inalterada, el peligro lo ha convertido casi en un ser adulto. El embrionismo celebra la madurez del feto, siempre que no se transforme en pibe chorro.

(29) El yo-feto recuerda el vínculo filial que para el embrionismo es su razón de ser. Se devela lo que está a la vista de todos. Se le otorga ciudadanía a quien no la tiene sólo porque el embrionismo no ha triunfado aún.

(30) Otra vez la rima consonante, otra vez la métrica que se rompe. Nuevos gestos vanguardistas para dejar en claro que el embrionismo tiene tradición, pero también tiene futuro.

(31) El embrionismo, a través de su poeta, tiene claro que el ruego de amor es el más desesperado en el imaginario de un combate dialéctico.

(32) El fin se acerca. La razón de ser del embrionismo clama piedad. O ni siquiera: no tiene fuerzas para evitar la muerte, pero sí la lucidez para visualizarla.

(33) Como antes se apeló al lenguaje popular y hasta soez, en esta ocasión la tensión se sostiene con una de las primeras frases que aprendemos a escribir. O con una variante cruel de esa frase. No es ya “mi mamá me mima”. Por el contrario, se asume que los mimos de la madre forman parte de aquello la desterritorialización.

(34) El yo-feto es capaz de perdonarlo todo. El embrionismo es misericordioso aún con quien pretende aniquilarlo.

(35) El embrionismo perdona la ceguera, tanto lineal como metafórica.

(36) Los valores embrionistas están por delante de todo. La madre es fe embrionista y todo está consagrado a ese valor supremo. El destino del yo-embrionista está atado a la madre. Y la madre es embrionista siempre, aunque no lo sepa.

(37) Ni siquera abjurar de esa fe puede volver a la madre-embrionista (o a la madre-madre, razón de ser del embrionista) un alma sin fe.

(38) Todo el pensamiento embrionista se resume en esta simple y poderoso sintagma.

(39) El poema se cierra con esta coda de un solo verso, sin rima obviamente. El final es casi una firma, pero hecha con la tinta indeleble de la eternidad. La mejor síntesis de la proyección infinita del yo-feto en el imaginario embrionista.

Publicada originalmente acá https://www.lavaca.org/notas/el-verso-del-embrionismo-analisis-literario-de-un-poema-de-esteban-bullrich/

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