SI SUCEDE ES UNA BOSTA

Todo bien con quien quiera hacer los cursos de la fundación El Arte de Vivir. Todo bien con la gente que quiera pagar 500 pesos por aprender a respirar. Todo bien con las técnicas de Sri Sri Ravi Shankar, que son milenarias y está probado que sirven y mucho, por más que se vendan con marketing flamante. Todo bien con que cada uno (y cada una) haga y diga lo que se le canta, mientras no joda al otro, cumpla la ley y pague los impuestos.

            Por eso, así como reivindico el derecho de Sri Sri y de Marcelo Tinelli a decir lo que quieran, también reivindico mi derecho a decir las pelotudeces que se me cantan. Entonces lo digo: la frase “si sucede, conviene” me parece una reverenda bosta, uno de los peores cantos al conformismo que escuché en los últimos tiempos. En realidad no es la frase en sí, sino su transformación en consigna masiva a través de los medios de comunicación. El problema es, como en todo, el lugar desde donde se emite el mensaje.

            Si yo me separo porque mi mujer me deja y estoy muy deprimido, y viene mi tía y me dice: “Tranquilo, si sucede, conviene”, no puedo tomarlo de otro modo que como un aliento, como una muestra de cariño y una invitación a verme bien. Pero si en la puerta de Auschwitz durante el nazismo, o de la Esma durante la última dictadura ponían un cartel que decía “si sucede, conviene”, ese pasaba a ser el mensaje más sorete de la historia de la humanidad.

            ¡Es el poder, estúpidos! Claro, el poder. Los discursos, si se dicen desde el poder, pueden tener un significado inverso al que tienen cuando son dichos desde los márgenes. Por más que sea un mismo discurso, el punto de vista es constitutivo de su sentido.

La espiritualidad es una cosa personal, introspectiva, producto de una búsqueda íntima. Está muy bien tener esa clase de búsquedas, es algo que mejora la calidad de vida de las personas. Pero nunca hay que perder de vista que se trata de eso: de búsquedas. De preguntas más que de respuestas. De paradojas complejas más que eslóganes. Y el “si sucede, conviene” transformado en eslogan en un mundo tan violento y desigual no hace más que cristalizar relaciones de poder absolutamente nocivas.

No creo que la solución esté en la negativa, en reemplazar un eslogan por otro. Pero ante el imperio de la ingesta de sapos y la ilusión de creer que mejor es dejar todo como está, me pongo el pasamontañas, agarro la molotov y le grito bien fuerte al Mundo: “¡Si sucede, es una bosta!”

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