Periodismo

Acá les dejo un breve repaso de algunos de los muchísimos lugares donde escribí y escribo

Perfil (2010-hoy)

Un día me llamaron para escribir en Perfil sobre un tema político. Querían una mirada distinta. O eso dijeron. La columna les gustó, tuvo buena recepción y me siguieron llamando. Pero me llamaron de varias secciones: a veces escribía en Política, otras en Sociedad, y otras en Deportes. Varias de esas columnas fueron a parar a mi libro Pensamientos Incómodos. Me divertí mucho haciendo, sobre todo, crónicas de lugares insólitos: la peregrinación a Luján, una convención de cómics, una feria de espiritualidad…

En 2015, cuando arrancaba la campaña electoral, propuse hacer una columna quincenal sobre las elecciones. Y monté una especie de obra de ficción, tomando como ejemplo la Llamada Internacional de Osvaldo Soriano, aquella formidables contratapas de Página 12 en los 90. La sección se llamó Tienda de Campaña y a los editores les gustó. Tanto que después de las elecciones me propusieron seguir. Le cambié el nombre (ahora se llama Un País en Serio) y sigo escribiendo. Domingo por medio sale mi columna en Perfil. Si quieren ver de qué se trata, pueden entrar aquí.

Si quieren leer algo de lo que escribo para el diario pueden ver aquí:

columnas, crónicas, entrevistas.

Un país en serio/ Tienda de campaña

La Vanguardia (2013-hoy)

En 2013 me llamaron del periódico La Vanguardia. Para quienes no lo conocen, les cuento: La Vanguardia es el periódico del Partido Socialista. Lo fundó Juan B. Justo en 1894 y desde entonces apareció de manera interrumpida. El de 2013 fue un relanzamiento, porque entonces el periódico no salía. Bajo la dirección de Carlos Gabetta, y con la edición de Américo Schvatzman, me propusieron escribir en un periódico “de izquierda y centro izquierda, pero plural”.

Desde entonces escribo la contratapa. Y lo hago como siempre: con absoluta libertad y haciendo lo que se me canta. Porque si no, me aburro. Y si me aburro, no me sale nada. Obvio: soy un tipo de izquierda y, si bien tengo muchos amigos socialistas (como también tengo muchos amigos trotskistas, o peronistas de izquierda, o de la izquierda nacional, o de centro izquierda, etc) no soy del PS. Pero parece que no sólo yo me divierto escribiendo en La Vanguardia: mis amigos socialistas también se divierten. Inclusive con mis críticas al progresismo.

La revista sale una vez por mes. A mediados de 2015 dejó de salir, pero a mediados de 2016 La Vanguardia está de vuelta. Y ahí estoy yo: en la retaguardia. O sea, en la parte de atrás de La Vanguardia. Busquen en la contratapa y me van a poder leer. Mi nueva columna se llama SOY DE IZQUIERDA. Acá les dejo algunos ejemplos.

El Guardián (2012)

La revista El Guardián apareció en 2003 como un pasquín inmundo, de esos que parecen armados desde un despacho de los servicios de inteligencia. Aquel tabloide duró poco tiempo y fue francamente olvidable. Me sorprendió cuando, en en 2011, su dueño, el empresario Raúl Moneta, decidió relanzarlo como revista de interés general con un especial foco en la política. Y más me sorprendió cuando su director periodístico, Daniel Capalbo, me convocó para escribir una columna.

La revista era una versión kirchnerista light de Noticias. Y tenía muy buenos columnistas y periodistas en general. Les propuse hacer PENSAMIENTOS INCÓMODOS, la sección que yo quería desarrollar tras la censura que sufrí en La Mujer de Mi Vida, donde me convocaron para escribir sobre ese tema y después no me publicaron el texto, pues dijeron que era muy incómodo.

Escribí durante unos meses, hasta que hice una columna sobre McDonald’s y la empresa de comida rápida amenazó con quitar la publicidad que tenía en la revista y en todo el grupo de radios (Metro, Rock&Pop, Splendid, Belgrano) que en ese momento eran propiedad de Moneta. Un Moneta que se vio obligado a elegir entre la pauta de McDonald’s y mi columna. ¿Y a que no saben qué paso? Sí, acertaron: no escribí más en El Guardián. Pero no saben lo lindo que fue mientras duró. A continuación, las pruebas.

THC (2006-2011)

En 2005 me visitó en la redacción de Barcelona un jovencísimo y desconocido muchacho, muy emprendedor, curiosamente emprendedor para el tema que lo convocaba: quería sacar la versión argentina de la revista española Cáñamo. Se había puesto en contacto con ellos y ya había una versión local en Chile. El muchacho en cuestión se llamaba (y se llama) Sebastián Basalo, era un consumidor cannábico regular (aquella reunión se hizo porro por medio, obviamente), aunque no un gran activista.

Yo era un experto en eso de combinar la condición de emprendedor y fumón. Y enseguida pegamos onda. Sebastián me preguntó varias cosas técnicas sobre la edición y distribución de la revista. Y también sobre recaudos legales. Unos meses después aparecía en los kioscos porteños no una versión local de Cáñamo, sino una revista con identidad propia: THC, la revista de la cultura cannábica. Yo escribí en aquel primer número de diciembre de 2006. Y seguí siendo columnista de la revista durante 5 años.

Además de muchas columnas, hice dos entrevistas para notas de tapas, que me encantaron: Diego Capusotto y Samuel Chiche Gelblung. A Chiche lo fotografiamos con una plantita de marihuana, que llevamos hasta donde hicimos la nota: un estudio en Canal 13. Acá les dejo muchas de las cosas que escribí en THC. Una revista que me dio muchos placeres, y donde la pasé muy bien.

Rolling Stone (2002-2004)

No nos habíamos llevado bien con Víctor Ghitta, entonces director periodístico de Rolling Stone. Nos conocimos en la redacción de Humor, en la calle Venezuela. La redacción de Rolling Stone se reunía allí pues la RS la editaba Ediciones de la Urraca, la editorial que también editaba Humor. Con Víctor nos peleamos mucho al comienzo. Más bien diría que no nos soportábamos. Era una cuestión más bien de prejuicios: yo no soportaba lo que él representaba y él no soportaba lo que yo representaba. O al menos lo que creíamos representar, porque casi no nos conocíamos. Pero no nos llevábamos bien.

Cuatro años después de la aparición de Rolling Stone (y de mi paso por La García), Víctor me llamó para escribir en SU revista. Por un hecho bastante fortuito: se había muerto Ricky Espinosa y no sabía quién podía escribir. Como sabía que yo lo había entrevistado, que había estado en la casa y en el camarín de Cemento, me propuso escribir. Y pudimos encausar una relación que parecía destinada al fracaso.

Para mí, escribir en Rolling Stone fue un hecho consagratorio. Y al mismo tiempo, la certeza de que el periodismo debía ser otra cosa para mí. Si es que el periodismo seguía representando algo. Hubo tres notas fundamentales: la tapa con Catupecu Machu (mi primera tapa y también la primera tapa de ellos, de esa gran banda de rock), la tapa de Bersuit Vergarabat y, sobre todo, una entrevista que no fue tapa, pero que fue clave para mí: Intoxicados y Pity Álvarez, en la que Pity cuenta por primera vez que fuma paco. No sólo eso: fumó delante de mí, en la sala de la banda, en el barrio Piedrabuena.

Acá les dejo esas y algunas otras de las notas que escribí para la edición argentina de Rolling Stone.

Tres Puntos (1999-2002)

Yo era un ignoto obrero del periodismo con tendencia al trazo grueso cuando Marcos Mayer me convocó para escribir en Tres Puntos. Hasta ahí, nada raro. Lo raro es que Marcos (un editor finísimo, un tipo de gustos refinados) me mandaba notas extrañas, le gustaba mi punto de vista y me ponía a delirar sobre personajes bizarros. Aquello fue algo muy importante en mi vida: sentía que me empezaba a soltar, que los límites entre periodismo y literatura se volvían felizmente difusos. Sí, definitivamente: Marcos fue un tipo clave en mi vida, y es un placer poder decírselo por acá.

La García (1999-2001)

En 1999, Carlos Ares quería hacer una revista de rock. Pero no sabía nada de rock. Él intuía que allí pasaba algo importante. Y “allí” era el rock argentino. Ares comparaba al rock con el fútbol. Decía que cuando él estaba en El Gráfico y en Goles, la consigna era: “Siempre tiene que haber algo de Boca y de River. Si Boca gana, vamos con Boca. Si Boca pierde, vamos con la crisis de Boca”. Me convocó para hacer una revista con ese espíritu, y preguntó: “¿Cuáles son las bandas más importantes? Tenemos que tener nuestro Boca y River”.

Ares tenía una idea y un nombre: La García. Acababa de salir la edición argentina de Rolling Stone y quería que La García fuera una respuesta argentina a ese fenómeno rockero, pero extranjero, lejano y algo snob. En base a esa consigna, convocamos a un grupo de periodistas jóvenes con hambre de gloria. Fans, pibes que fueran todas las noches a ver bandas, y que pudieran escribir bien desde ese lugar de fan. Además, le dimos un giro medio humorístico al asunto: había secciones en que nos burlábamos de los estereotipos rockeros, pero con complicidad con los fans y los músicos.

Las entrevistas eran directas, pregunta respuesta, la palabra del músico estaba ante todo. Y respetábamos mucho eso. Nada de “nuevo periodismo”, como hacía Rolling Stone. Nosotros creíamos que dándole la palabra al músico podíamos mostrar mucho de ese personaje. No es que éramos concesivos: simplemente escuchábamos a gente a la que valía la pena escuchar.

Años después, gente amiga, más joven, me dijo que coleccionaba la revista, que la seguía siempre. Y que pegaba los pósters en su cuarto de adolescente. Hace un tiempo, Pedro Saborido dijo que La García era un antecedente de Peter Capusotto. Después de escuchar eso, sentí que la revista había tenido sentido. Y poníamos a esa gente por delante del periodista, entrevistado por delante de entrevistador. Parece obvio, pero a veces lo obvio puede ser novedoso.

Le hablé de un giro humorístico. Y además de una sección que se llamaba Sending Fruit (noticias inventadas, mandábamos fruta, esta sección fue el puntapié inicial para hacer Barcelona), estaba una de las cosas más recordadas de La García: las coberturas de los conciertos. Más precisamente, la ficha que acompañaba a los textos. Otra vez la referencia a los medios deportivos: al igual que hacían muchos diarios y revistas en los comentarios de los partidos, nosotros también hicimos una ficha. Y las categorías eran “olor a faso”, “nivel de pogo”, “trapos”, etc.

En La García también hacíamos una historieta con un método de inglés: The García English Method. Un dudoso método rockero para aprender el idioma de Los Beatles y los Rolling Stones. “Support Crazy Old Women” era “aguante Viejas Locas”. Y “ey, old woman, go a litlle dollar for e beer?” era “eh, vieja, ¿sale un pesito pa’ la birra?” La sección tuvo tanto éxito que sacamos un especial con un CD animado con el The García English Method.

Durante los poco más de dos años que existió La García tuve el placer de entrevistar a muchas de los más grandes músicos de rock del país: Charly García (en plena etapa Say No More iba al menos una vez por mes a ver a Charly a cualquier hora al departamento de Coronel Díaz y Santa Fe), Gustavo Cerati, La Renga, Andrés Calamaro, Ricardo Iorio, Catupecu Machu, Ricky Espinosa, Los Piojos, Los Fabulosos Cadillacs, Los Auténticos Decadentes, Leo García y un larguísimo etcétera.

Sin dudas la nota más recordada fue la última entrevista que dieron Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. O sea, el Indio, Skay y Poli. La hicimos con Humphrey Inzillo y Martín Correa en un bar de Palermo y creo que nunca en mi vida tomé tanta cerveza como esa noche. Cuando nos despedimos, vimos con Humphrey y Martín cómo se iban los tres (el Indio en el medio, abrazando a Skay y Poli, uno de un lado, otra del otro) por la calle Thames. Parecían hermanos. Jamás pensamos que esa misma noche se iban a pelear de manera brutal y que la banda más convocante de la Argentina iba a dejar de existir para siempre,

La García fue uno de los proyectos más entrañables de todos los que formé parte. Porque fue el primer proyecto donde puse una impronta personal desde la creación. Y porque la revista estaba buenísima. Lamentablemente, le tocó existir en medio de una crisis brutal. Y en diciembre de 2001 salió el último número. Sí, en diciembre de 2001 dejó de existir. Lógico: si entonces casi deja de existir la Argentina, ¿cómo iba a hacer para sobrevivir una humilde revista de rock?

Humor (1997-1999)

En 1997 entré a la redacción de la revista Humor. Humor ya no era ni la sombra de lo que había sido. Pero la revista había sido tan importante en mi vida que para mí fue como salir de gira con los Rolling Stones. En mi casa, mis viejos compraron Humor desde que salió. En mi casa se leía Humor en mi infancia  desde mi adolescencia. Y para mí fue revelador saber que algo que les gustaba a mis viejos me podía identificar tanto a mí. Me gustaban los chistes, sí. Pero me devoraba las columnas de Dolina, las de Sanz, las de Fabre, las Páginas de Gloria, las historietas, todo.

En el 97 Humor agonizaba. Pero pude compartir redacción con Gloria Guerrero, con Aquiles Fabregat, con Tomás Sanz, con Hugo Paredero, con Lila Pastoriza… gente maravillosa, grandes maestros, un lujo infinito. Mi paso por la redacción de la calle Venezuela (cosas de la vida: hoy vivo enfrente) seguramente no significó gran cosa para la grandísima historia de Humor. Pero sí significó muchísimo para mi modesta historia personal. Sin Humor, yo no sería el mismo. Fuera de joda.

La Maga (1991-1996)

En septiembre de 1991 apareció La Maga, por entonces un quincenario cultural, estructurado como un diario. En lugar de Política, Internacionales, Sociedad, Deporte y Espectáculos, las secciones eran Música, Cine, Literatura, Teatro y Artes Visuales. Lo editaba TEA y lo dirigía Carlos Ares. Yo arranqué como colaborador en el número 1 y a partir del 2 ya formaba parte del staff. En marzo de 1992, La Maga empezó a salir semanal. Y así siguió hasta que me fui de la revista, en diciembre de 1996.

En La Maga aprendí todo el oficio periodístico. O llevé a la práctica todo el oficio periodístico que había aprendido en TEA. Fui redactor, me encargué de investigaciones (cuando la revista comenzó a meterse en temas más políticos, generalmente de política cultural, pero siempre con un fuerte sesgo antimenemista), fui editor de dos secciones (Cine y Música) y llegué a ser Secretario de Redacción. Además, tuve la oportunidad (y el placer, y el honor) de entrevistar a gente muy admirada: Leonardo Favio, Osvaldo Soriano, Osvaldo Pugliese, Adolfo Aristarain, Jaime Roos, Fito Páez, Roberto Goyeneche, Lalo Schiffrin, David Byrne, Hermeto Pascoal y un larguísimo etcétera. Tuve el honor de hacerle la primera entrevista importante a una cantante admiradísima que luego se consagraría como una artista muy popular: Adriana Varela.

La Maga la dirigía Ares (salvo un tiempo en que la dirigió otro periodista querido y admirado: Carlos Ulanovsky), pero el resto de los editores y responsables de la publicación éramos gente de entre 20 y 28 años. Creo que allí se gestó no sólo el deseo de la autogestión y de la independencia: también se cristalizó la idea de que aquello era posible y aprendí cómo era que había que llevarlo adelante.

En 1996 sentí que mi ciclo en la revista estaba cumplido. Un cambio de dueños (y de dirección periodística) terminó por hacerme ver que la cosa no daba para más. Cuando los directivos decidieron abrir una lista de retiros voluntarios, me fui. Y me fui con el mejor de los recuerdos, con una gratitud enorme y con la certeza de que si no me hubiera tocado estar al lado de grandes maestros (Julio Petrarca, Eduardo Rafael, Juan José Panno, además de Ares y Ulanovsky) mi vida periodística tal vez no hubiera existido. Y sin un grupo de gente con la que después me embarqué en montones de proyectos, seguramente tampoco.

Inicios (1989-1991)

Empecé a estudiar periodismo en TEA en marzo de 1989 y a los dos meses estaba laburando. Mi primer trabajo fue doble: en una revista de televisión por cable, y en una turística sobre Buenos Aires. Era plena hiperinflación y, gracias al cambio favorable, el turismo funcionaba bien. Yo me la rebuscaba para hacer notas con cosas que más o menos me interesaran. Y cobraba en dólares. No mucho, pero bastante para un pibe de 21 años que recién arrancaba. Más que como cadete o vendiendo tarjetas de crédito, mis dos trabajos anteriores. Y me divertía más. Así arranqué.
Un año después, en TEA me ofrecieron hacer una pasantía en Perfil. Podía entrar a Noticias o a Semanario. Y elegí Semanario. Allí hice de todo: desde entrevistar a un pai umbanda brasileño hasta hacer horóscopos. También me daban una foto y me decían: “Escribí 20 líneas sobre esto”. A veces me decían dónde y qué había ocurrido, y yo inventaba el resto. Otras no me decían nada e inventaba todo. Era un laburo casi literario. Me divertía mucho.

Colaboraciones (1992-hoy)

Colaboré en montones de lugares escribiendo sobre los temas más diversos. Uno de los temas sobre los que escribí mucho en La Maga fue la historieta. Como dibujante frustrado y lector compulsivo, me interesaba mucho el tema. Fue así que me llamó Juan Lima para escribir en una publicación fugaz de Ediciones de la Urraca, la editorial que sacaba Humor entre muchas otras publicaciones. La revista para la que escribí se llamaba Raf y duró pocos números. Pero fue mi primera entrada en La Urraca. Y mi primer contacto con quien había sido co-fundador de una revista que, como lector, me marcó profundamente: Fierro.

Como “especialista” en historietas (así, con comillas, porque nunca fui especialista en nada) tuve el placer de que un día me llamara el gran guionista (y gran tipo) Carlos Trillo para laburar con él. Trillo editaba por entonces (principios/mediados de los 90) una revista llamada Puertitas. Y me ofreció escribir una columna. Escribí un tiempo para Puertitas y pude tener charlas hermosas con Trillo, un capo. Para esa época también colaboré con una revista mexicana de historietas: El Gallito Inglés.

En 1997 escribí para la revista Mix, un mensuario de música, donde realicé una nota emblemática para una banda que me encanta: Los Auténticos Decadentes.

En los 90 también escribí algunas notas para Página 12. Y ya en 2002 fui colaborador del No, suplemento joven de Página.

En 2005 hice una extensa entrevista al admiradísimo artista León Ferrari para la revista colombiana Gatopardo. La pueden leer acá:

Por esos años hice también dos entrevistas hermosas (bueno, con personajes hermosos) para la edición argentina de Playboy: Fernando Peña y Leopoldo Federico. Las pueden leer acá:

En la primera década del siglo XXI escribí para una hermosa revista catalana de músicas del mundo, llamada Sons de la Mediterrànea.

Entre 2009 y 2010 escribí columnas para el semanario Miradas al Sur, convocado por dos grandes periodistas: Eduardo Anguita y Eduardo Blaustein. Acá les dejo algunas notas:

En 2011 y 2012 fui colaborador ocasional del portal www.diarioregistrado.com, donde tuve una muy comentada y difundida discusión pública con Carlos Barragán. Acá algunas notas: