PERIODISMO NOT DEAD 2

En general, en la vida, me gusta es que todo esté claro, que no haya engaños. Me pasa con el amor, me pasa con el sexo, me pasa con las amistades, me pasa con las cuestiones cotidianas y de convivencia. Y también me pasa con el periodismo. Prefiero saber dónde está parada la gente. Desconfío de los periodistas que dicen “soy independiente”, “soy neutral”.

         No entiendo por qué choca tanto eso del periodismo militante si el periodismo argentino nació como periodismo militante. Celebramos el Día del Periodista el 7 de junio porque ese día, en 1810, Mariano Moreno creó La Gazeta de Buenos Ayres, primer periódico patrio. Y La Gazeta nació para difundir la obra de la Primera Junta de Gobierno. ¿Hay acto más militante que ese?

         Eso por no hablar de los periodistas Juan Bautista Alberdi, Lucio Mansilla, Domingo Faustino Sarmiento o Bartolomé Mitre. Como se imaginarán, todos periodistas independientes que nada tenían que ver con el periodismo militante. Si Sarmiento y Mitre llegaron a la presidencia de la Nación fue de pura casualidad. La objetividad periodística los llevó hasta allí.

         Muchas veces ese periodismo militante fue mucho más relevante que el supuesto “periodismo objetivo” o “periodismo profesional”. Si quisiéramos ver el medio que mejor reflejara lo que sucedía en el país el 24 de marzo de 1977, ¿qué deberíamos leer? ¿Un editorial de Clarín, La Nación, La Gazeta de Tucumán o La Voz del Interior de ese día? ¿O la Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar, de Rodolfo Walsh?

         La carta de Walsh se imprimió en mimeógrafos y se repartió en secreto, todo en la más estricta clandestinidad. Sin embargo, ¿podemos decir que este periodismo militante era “marginal”, “alternativo” y que el periodismo “serio” era otro?

         En realidad sí entiendo por qué a veces resulta chocante lo de “periodismo militante”. El problema está cuando ese término se agita con liviandad, cuando se pretende ser el portador de una gesta propia de la clandestinidad, pero con los recursos de un Estado y con una situación política hegemónica. Pero ese es otro tema. Sería absurdo condenar a todo el periodismo militante por el hecho de que algunos se hayan aprovechado de cierta épica para disfrazar un contrato.

         El término periodista militante no implica necesariamente pertenecer a un partido político. Basta con reconocer que tenemos una opinión formada sobre un tema. Y no ocultar eso. En el fondo, es asumir por qué queremos ser periodistas.

         Desconfío de les periodistas que no quieren incidir, con su trabajo, en la gente que les escucha, lee o mira. ¿Para qué nos paramos frente a una cámara, a un micrófono o publicamos un texto, si no es para reproducir una determinada mirada sobre un tema? Y en el fondo, deseamos que esa mirada sea un toque de atención para ver las cosas de otro modo.

         Hagámonos cargo: pretendemos cambiar la realidad. Desconfío mucho de les periodistas que no lo admiten. El problema es que no sé si desconfío más de los hipócritas que dicen que no pretenden incidir en la opinión pública o de les imbéciles que creen que desde un micrófono o un texto van a producir un cambio social.

         El hecho de querer cambiar la sociedad no significa llenarse con la arrogancia de pensar que la vamos a cambiar con nuestro trabajo periodístico. Pero esta disyuntiva no debería condicionarnos. El temor a ser unos imbéciles no debería hacernos refugiar en la comodidad de ser unos hipócritas.