PERIODISMO NOT DEAD 03

El periodismo se puede hacer de muchas maneras. Pero hay una premisa básica que debería guiarnos, aún en las peores circunstancias, aún cuando algún patrón pretenda imponernos los temas: es fundamental tener una agenda propia.

Independientemente de la que tenga el medio para el que nos toque trabajar, la agenda propia debería ser nuestro documento periodístico de identidad. Pensar qué creemos que es importante y debería difundirse es una forma de mantenernos en eje. De no dejarse avasallar por quienes nos contratan.

         La agenda propia tiene que ver con el contenido, aquello que tenemos para decir. Tiene que ver con nuestra pasión y con nuestras convicciones.

Tomo dos ejemplos personales. No porque quiera ser autorreferencial, sino porque me gustaría mostrarles cómo entiendo que se puede ejercer hoy este noble oficio tan bastardeado y tan necesitado de ser repensado.

         El primer ejemplo es una tapa de Barcelona, una revista que fundé y que dirigí entre 2003 y 2011. En esa tapa se veía a Julio López en una playa caribeña, en malla, abrazado a dos mulatas hermosas, con una piña colada en una mano y un título: JULIO LÓPEZ, ¿EN CUBA CON LOS DÓLARES DE MONTONEROS?

         Julio López es un albañil, que fue militante político en los 70, que está desaparecido. López sufrió tres desapariciones: la primera durante la dictadura, donde fue torturado por Miguel Etchecolatz; la segunda y definitiva físicamente, luego de declarar contra Etchetolatz, en 2006; López tuvo además una tercera desaparición, que es simbólica: la desaparición mediática.        

Cuando desapareció López, el gobierno de Néstor Kirchner hizo una campaña muy intensa por la búsqueda, con afiches y publicidades en radio y televisión. La cara de López aparecía en los vidrios de los patrulleros, junto a una recompensa por aportar datos sobre su paradero. Un año después, ya nadie reclamaba por él.

         La tapa de Barcelona llamaba la atención sobre esta tercera desaparición (que implicaba el olvido de la primera y, sobre todo, de la segunda) burlándose del lenguaje de los negacionistas de la dictadura, que decían que muchos desaparecidos estaban en Cuba con la plata de los Montoneros.

         A mucha gente “progre”, “nacandpop” y “bienpensante” le cayó mal esa tapa. Sobre todo a militantes de los 70 que alertaban: “con eso no se jode”, porque la tapa burlaba la memoria de un “compañero desaparecido”, etc. Tiempo después, quienes mantenían viva la memoria de Julio López y denunciaban que no se hacía nada por su búsqueda, convocaron a Barcelona a una muestra en La Plata, donde expusieron tapas de la revista (incluida esa) porque consideraban que era el único medio que se seguía ocupando del tema.

         El otro ejemplo tiene que ver con la revista MU. Tengo el orgullo y el placer de integrar la redacción de esa revista y de ser socio de esa cooperativa de trajo periodístico, artístico y comunicacional.

         Para los términos de las agendas cotidianas de los grandes medios, MU tuvo y tiene una agenda marginal, que está por fuera de la coyuntura. ¿Cuáles son los temas de MU? Agrotóxicos, feminismo, megaminería, aborto legal, modelo extractivo, economía sustentable, comercio justo, diversidad sexual, gatillo fácil, nuevas formas de organización social.

         ¿Son realmente marginales esos temas? ¿O son centrales? ¿No deberían formar parte, muchos de ellos, de una visión estratégica de país? La pregunta se responde sola cuando aparece el Ni Una Menos o la marea verde. Y ahí queda claro que hay un sujeto social que nadie vio. Una revolución silenciosa, de carácter absolutamente transversal, que ningún medio grande pudo anticipar.

         Una revolución que además es psicodélica, capaz de generar imágenes inverosímiles y sólo imaginables bajo efluvios lisérgicos, como troskistas ovacionando a Silvia Lospennato o progres aplaudiendo a Fernando Iglesias.

         MU acompañó, retrató, relató y, en definitiva, fue parte de esa revolución silenciosa, transversal y a prueba de prejuicios. Una revolución compleja, atípica, novedosa, contradictoria, contemporánea. Tanto que los “grandes medios” no pudieron leer este signo de los tiempos.