MI ABUELO VERDE

A principios de la década del 60, le encargaron a mi abuelo, José Manuel González Treño, escultor, escenógrafo y titiritero, que realizara el clásico Monumento a la Madre de las plazas de barrio. El típico monumento que hay en montones de plazas de barrios y pueblos de todo el país. Se la encargaron para una de las dos plazas de Valentin Alsina, mi ciudad natal, la ciudad natal de mi mamá, mi papá y mi hermano, donde vivió y murió mi abuelo.

Mi abuelo hizo una escultura muy propia de la modernidad de la época (se notan las referencias a sus héroes, Henry Moore y Pablo Picasso) pero muy osada para Valentín Alsina. Cuando se inauguró, en la plaza frente a la Iglesia, fueron las “fuerzas vivas” de la comunidad. Entre ellos, un cura, que ponderó las virtudes de “la madre cristiana” que, suponía, era la madre en cuestión.

Cuando le tocó el turno de hablar al artista, mi abuelo explicó que su obra simbolizaba a “la madre cristiana, la madre judía, la madre musulmana, la madre atea, la madre casada, la madre soltera, en fin, la madre”. Al cura no le gustó nada la referencia, pero los y las jóvenes presentes se divirtieron mucho con las palabras de aquel artista, socialista, libertario e inconformista, que era mi abuelo.

Hoy me manda estas fotos el querido Leonel Readigos, de la Biblioteca Popular Sarmiento de Valentín Alsina el lugar donde mi abuelo Treño creó un grupo de títeres: el Monumento a la Madre, intervenido para pedir #AbortoLegalYa.

No sé dónde andará mi abuelo ahora. Como buen ateo, su destino es incierto. Pero sé que está en mi recuerdo, en mi memoria, marcando cada instante de mi vida. Y no puedo imaginármelo de otro modo que con una enorme sonrisa cómplice, feliz de que su obra siga cumpliendo su destino de dignidad, de belleza y de libertad.

Gracias, abuelo Treño. Te amo y te extraño cada instante de mi vida. Y soy feliz, muy feliz, de sentirte tan pero tan cerca.