Jaitt society

“Natacha iba a hacer una nueva denuncia”, dice Alejandro Cipolla, abogado de Natacha Jaitt. Cipolla  asegura que a su clienta la mataron, justamente para que no se difundiera de qué se trataba esa denuncia a la que hace alusión.

Nótese el término “nueva” aplicado como adjetivo a “denuncia”. “Nueva” porque Natacha ya había hecho una denuncia (que sería la “vieja”), una muy fuerte, que involucraba a periodistas, a políticos, a sindicalistas y a dirigentes sociales en una supuesta red de prostitución de chicos menores de edad, de las divisiones inferiores de algunos clubes de fútbol.

       No se sabe muy bien sobre qué iba a ser esa supuesta “nueva” denuncia de Natacha. Pero como ya había hecho una, y muy mediática, muy comprometedora, se supone que esta, por la que supuestamente la habrían matado, iba a ser una verdadera bomba. Suponemos, porque Natacha se murió y las denuncias dejaron paso a un montón de preguntas y conjeturas.

       Como ocurrió con Alberto Nisman, no se sabe si Natacha se mató o si la mataron. Aclaro: no estoy comparando. No es lo mismo ser fiscal de la causa Amia y denunciar a la presidenta, que ser… Natacha Jaitt. Iba a decir “que ser una actriz”, o “una modelo”, o “una periodista”, o algunos de los eufemismos que su utilizaron para definir a Natacha. Porque, ¿qué era Natacha?

       No, Natacha no era nada de eso. ¿Modelo? ¿Cuándo modeló? ¿En qué pasarela, en qué desfile? ¿Qué publicitó? No, definitivamente, modelo no. ¿Actriz? Menos que menos. Excepto que contemos como actuación lo que hizo en la película “Natacha y Nino hacen una porno”, junto a Nino Dolce, en 2009. O los videos que aparecen en sitios XXX, como uno titulado “Natacha te enseña a hacer un pete”. Búsquenlo: está en XVideos o PornHub. Igual que “Nino le muerde un pezón a Natacha”.

       Natacha tampoco era periodista, a pesar de la denuncia que hizo y de la que supuestamente iba a hacer. Puede pensarse que, con estas dos denuncias, investigó más que muchos otros periodistas. O al menos, que gente que se autopercibe periodista. Es probable.

       Natacha ni siquiera era actriz porno o prostituta. Bueno, sí, pero no era algo con que se la definiera. Era mediática, ese título extraño que sirve para definir a alguien en función del conocimiento que los demás tienen de él o ella, y no de acuerdo a la actividad que esa persona realiza.

       Recordemos también que Natacha hizo otra denuncia muy escandalosa, que causó mucho impacto: la de Diego Latorre pidiéndole en un chat de Whatsapp que le metiera “la puntita” de un vibrador, mientras ella le practicaba sexo oral.

       Sería exagerado definir a Natacha como periodista, a pesar de que al episodio con Latorre se le dio el título de “puntitagate”, en alusión a las escuchas que alguna vez le costaron a Richard Nixon el puesto de presidente de los Estados Unidos. Se sabe, la historia, si se repite, siempre es como farsa.

       ¿Por qué es entonces que nos llama tanto la atención Natacha Jaitt? ¿Por qué su muerte es, desde hace más de una semana, la noticia más comentada, más difundida, más leída, más universal? ¿Por qué a todo el mundo le interesa lo que pasó con Natacha?

       Es cierto que hay muchos condimentos infalibles: sexo, drogas, descontrol, corrupción, muerte joven, amenazas, crimen, personajes oscuros, sospechas de todo tipo, incluido el hecho de borrar datos y destruir pruebas. ¡Hasta hay uno al que apodaban “Voltio”!

       Me gustaría ser un poco más específico. Y perdonen la autorreferencialidad. ¿Qué debe hacer un progre frente a Natacha Jaitt? ¿Se deben tomar sus denuncias como válidas y considerarla una mártir del progresismo? Podriamos compararla con Rodolfo Walsh, sin ir más lejos. Parafraseando a Lenin, ¿podemos decir que el natachajaittismo es la etapa superior del rodolfowalshismo?

       Sí, etapa superior, porque Natacha era un mujer que sufrió violencia machista y que la denunció. A diferencia de Walsh, que seguramente debía ser un machirulo.

Detalle: acá tenemos otra denuncia de Natacha. Una denuncia que no fue tomada en cuenta como sí se hizo con otras denuncias de violencia. Después de su muerte, hubo algunas acusaciones al colectivo de Actrices Argentinas, porque nadie tomó en serio a Natacha.

       Es cierto que nadie tomó seriamente ni esa ni ninguna denuncia de Natacha. Puede que el puntitagate haya jugado en contra. Pero lo cierto es que deberíamos haber escuchado a Natacha pidiendo ayuda. No sé si era responsabilidad de Actrices Argentinas, porque ya se dijo que Natacha no era precisamente actriz. Pero una mujer que dice que le pegan, merece ser escuchada.

       Un progre frente a Natacha debería replantearse por qué no todas las denuncias se afrontan de un modo similar. Además, debería horrorizarse frente a la estigmatización de la prostitución. Y debería hacer una fuerte autocrítica y sacar de sus comentarios hasta la última molécula de moral izquierdista berreta, de bolsonarismo con derechos humanos y culpa, y pensar que, si algo no se puede comprender, mejor no juzgar.

       ¿Me fui muy al carajo? Disculpen, pero era la idea. Los progres no vivimos en un frasco de jugo orgánico de arándanos, ni en una botella de kéfir con azúcar mascabo. Los progres también tenemos sentimientos.

       Y, sobre todo, los progres también formamos parte de este país, de esta época, de este mundo. Por eso mismo, los progres también somos parte de esta Jaitt Society en la que vivimos todos. Y todas. Y todes.

 

Publicado originalmente acá http://www.lavanguardiadigital.com.ar/index.php/2019/03/07/jaitt-society/