ES LA POLÍTICA 01: LA ECONOMÍA FUE

“Es la economía, estúpido”, es, tal vez, el eslogan no oficial más famoso de una campaña política en todo el Mundo. Lo inventó James Carville, el estratega de la campaña en la que Bill Clinton le terminó ganando a George Bush la elección presidencial estadounidense de 1992.

       La consigna, además de marcar un rumbo en una campaña exitosa, sirvió para explicar parte de la historia. De muchos tiempos y lugares.

       Apliquemos la frase “es la economía, estúpido” a la historia argentina. Y recordemos, por ejemplo, que alguna vez permitimos que haya un centro clandestino de detención y tortura a 300 metros del principal estadio donde se jugó un Mundial de Fútbol Masculino.

       ¿Por qué permitimos eso? Muy simple: porque la economía andaba más o menos bien. Con la vuelta a la democracia, la economía siempre determinó la suerte de los gobiernos elegidos por el voto popular. ¿Siempre? No, un grupo de irreductibles grandes empresarios y gerentes ultrapremium de grandes corporaciones resiste firme hoy ante el invasor populista.

       Hoy, más que en la economía, el Gobierno se refugia en la política. La política, ese territorio con límites casi tan anchos como cualquiera de las religiones conocidas: el catolicismo, el evangelismo, el hinduismo o el peronismo.

       La política es algo que puede volverse economía. Se puede economizar. Pero también se puede mediatizar, judicializar, espectaculizar, hospitalizar, privatizar o estatizar. Lo que importa es la política porque está en todas partes. Una política que vive del mito, de la tragedia, del imaginario, de la ficción. Tan ficcional es la política que casi casi parece periodismo.

       Lo bueno es que el Gobierno no lo oculta. Porque podemos acusar de muchas cosas a este Gobierno. Menos de hipocresía. “En la Argentina nunca se hizo un ajuste de tal magnitud sin que caiga el Gobierno”, dijo en noviembre de 2018 el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne.

       Juro que las palabras de Dujovne en su momento me trajeron tranquilidad. Porque pensé: “OK, este tipo dice esta barbaridad porque sabe que pasó todo”. Y pensé también: “Claro, el ajuste fue bestial, pero lo hicieron hasta noviembre, ahora se ponen media pila para pasar las fiestas y encarar un año electoral sin sobresaltos”.

       No, ni a palos. La recontra pifié. Siguió el ajuste, siguieron los aumentos.

       Hace poco me crucé con un funcionario del Gobierno a quien conozco desde hace años.

       -Che, lo de ustedes es “grieta o muerte”, ¿no? –pregunté-. ¿O tienen Plan B?

       El tipo se encogió de hombros, sin decir nada.

       -O sea que la economía -insistí.

       -Nada, no existe –me interrumpió-. No tiramos una sola medida a favor de la gente. No podemos pensar en eso.¿Vos cómo la ves? –me pregunta.

       -Yo estoy armando un programa de tele que se llama Es La Política –le contesto-. Justamente, retomando la teoría Dujovne. El bolsillo está mucho peor que cuando Dujovne dijo eso y da la sensación de que ustedes siguen con alguna chance. Es un milagro. Es la política.

       -Mirá vos, eso mismo es lo que dice Marcos.

       -¿Peña? –pregunto.

       -Sí, claro, ¿qué Marcos va a ser? ¿El subcomandante? Marcos dice que esta elección no se va a definir por la economía.

       -Es la política, estúpido –digo.

       -Exacto –dice el funcionario riéndose.

       Nos saludamos y me voy pensando en que estoy por arrancar un programa con una consigna que une el pensamiento de Nicolás Dujovne y de Marcos Peña. ¿Me estaré volviendo macrista? ¿Por eso hice reír a un funcionario afligido? ¿Soy un bufón de la corte?

       Sí, pueden putearme. Lo sé: le estoy haciendo el juego a la derecha. Sepan disculpar. Es la política.