Diego no defrauda y convoca a Ariel Garcé

Quisiera dejar las cosas bien en claro antes de que los acontecimientos me den la razón. Y si las cosas no resultan como yo pienso que van a funcionar, me gustaría dejar bien en claro que me la banco y que pueden criticarme todo lo que quieran, porque a pesar de la derrota, seguiré firme en mis convicciones. Pero no, tranquilos: todo va a salir bien. Aclaro, entonces: escribo esto una semana antes de que comience el Mundial y les aseguro (ahora que ustedes tienen la revista en sus manos, ahora que seguramente ya haya resultados a la vista) que todo va a salir bien.

Y cuando digo bien es bien, eh: campeones del Mundo o algo así. Ayer me preguntaron si prefería perder en semifinales contra Inglaterra o pasar a Inglaterra y caer en la final contra Brasil. “Perder contra Brasil”, dije, firme. “¿Y perder contra Brasil en el último minuto?” Ahí lo pensé mejor: “Mmm… perder contra… mmm… Brasil”, dudé. Pero no, no tengo dudas: tenemos un equipazo. Y, sobre todas las cosas, tenemos al Diego, que fue, es y será lo más.

Ya sé, no estoy diciendo nada original. ¿O acaso alguien duda de que Diego es un genio? Y encima tiene un equipazo. Todo va a salir bien, insisto. Pero todo va a salir bien, fundamentalmente, porque Diego tiene códigos. Porque Diego pudo haber cambiado sus costumbres (lo bien que hizo, la verdad; yo lo veo bien, mejor que nunca, diría) pero no se puso la gorra. No, Diego no es ningún vigilante. Diego tiene códigos.

 

Al gran pueblo argentino

 

OK, el Jugador del Pueblo es Martín Palermo. Y está bien que Palermo vaya al Mundial. Nunca fui un gran palermista: soy cuervo y siempre pensé que el gran Martín era un simple fetiche bostero, un tipo con un orto grande como una casa que metía goles porque tenía un Dios aparte que lo ayudaba a mandar al fondo de la red todo lo que andaba dando vueltas por el área. Que en general era la pelota, pero que bien podía ser la tibia de un adversario o de un compañero.

Con el tiempo y a fuerza de goles, Palermo me demostró que el burro era yo. Que tenía que estar muy fumado para no darme cuenta de que, como me dijo alguna vez mi amigo Martín Souto, un futbolero enfermo que nunca fumó un porro en su vida: “Palermo no es un burro, lo que pasa es que no es vistoso”. Entre Souto, con sus palabras sabias, y Palermo, que nunca dejó de hacer goles, me convencieron. Por eso creo que lo de Diego, al convocarlo, fue un grandioso acto de justicia.

Lo mismo ocurre con Juan Sebastián Verón, el jugador del pueblo… platense. Bueno, al menos de medio pueblo platense. En el caso de Verón, el caso es menos controversial: la Brujita no se ganó el lugar por los goles que hizo en su carrera ni por invocar ningún dios con su sola presencia, ni siquiera por haber nadado bajo la lluvia en el Monumental en aquel empate contra Perú que, milagrosamente, se recuerda como un milagro. No, Verón se ganó su presencia en la cancha… en la cancha. Otro amigo, Sergio Marelli, platense y pincha hasta el caracú, escribió un excelente libro sobre la Brujita, “Cosa de brujas”. Allí se ve que Verón no sólo es el mejor jugador de la Argentina dentro de las canchas, sino que es un tipo inteligentísimo, un crack fuera de la cancha.

¿Cómo no iba a jugar Verón, entonces, si es el mejor jugador del fútbol argentino? Es más, lo curioso es que Verón no sea el capitán de esta selección. Pero bueno, es lógico: Diego se la jugó por Mascherano en un momento en el que había que jugársela por Mascherano y ahí está el pobre Mascherano, cargando con un puesto que no queda claro si le gusta o no. Total, todo esto es hasta que Messi crezca, claro.

O sea, repasemos: están Messi, Tevez, Milito, Higuaín, o sea, todos los que la están rompiendo en Europa, los cracks que tienen que estar sí o sí. Están Demichelis y Samuel como centrales, dos tipos que son garantía y que también estuvieron en un nivel europeo descomunal. Están Verón y Palermo como créditos locales. Y, por supuesto, está Ariel Gacé, el Chino Garcé, a quien… ¿le dirán así por los ojos de chino fumón? Confirmado: están todos, no falta nadie.

 

Re locos por el fútbol

 

Insisto: Diego tiene códigos. ¿O por qué carajo iba a llevar, si no, al Chino Garcé al Mundial? Bla bla, que el que dice eso no conoce Santa Fe, bla, bla, que no vieron a Colón, bla, bla, que no saben nada de fútbol, bla, bla. Todo ese fue el bla bla de Diego. Lo entiendo, no se puede ir de frente en todo. No en un mundo tan jodido como el del fútbol. Y Diego lo sabe. Además, no quiere darle de comer a las fieras. ¿Para qué? Si en definitiva, el Chino ya está en Sudáfrica…

Vamos, ¿o ustedes se creen en serio el cuento ese del sueño? Yo lo escuché dos veces en un mismo día. Primero, de boca de un periodista deportivo bien informado, pero en riguroso off the record. Al ratito nomás, de boca de un taxista, en plan “jefe, ¿se enteró de que Maradona bla, bla, bla?” La versión que anda circulando es la siguiente: un día Diego soñó que Argentina ganaba el Mundial. Y en ese sueño sólo reconoció a un jugador: Garcé. Por eso, por ese sueño, dicen que fue que lo convocó para el partido de Cutral Có, contra Haití. Y de allí, a Sudáfrica, sin escalas.

¿Alguien cree realmente que esto pudo haber sido así? Vamos, no jodamos… Yo puedo bancarme la leyenda urbana sobre la muerte de Pedro Pompilio y la cabalgata de Jéssica Cirio. Es más, creo que si esta versión no fuera cierta, habría que tomarla como tal, porque es excelente. No sólo eso: a su creador habría que darle el Premio Nobel de Literatura. Aunque insisto, dudo mucho de que no sea cierta. Pero, ¡¿Garcé convocado al Mundial por un sueño?! ¡No me vengan con pelotudeces!

Concedo que puede que no hayan sido estrictamente futbolísiticos los motivos para convocar al marcador central de Colón, ex River, Rosario Central y Olimpo de Bahía Blanca. Pero si hay otros motivos, estos son de pura índole fumona. ¿O alguien duda de que Diego se la jugó por un futbolista que una vez fue sancionado por un antidoping positivo por consumo de marihuana?

 

Duro con la FIFA

 

Ni mi maradonismo más acérrimo y hasta religioso; ni mi condición de fumeta desbocado, desmesurado y fabulador; ni el costado futbolero televisivo de mi existencia pueden llevarme a afirmar que Diego Maradona es un estandarte cannábico. De todos los excesos por los que ha transitado Diego, la marihuana aparece como una excepción absoluta.

Tal vez sea justamente la imposibilidad de doblar la apuesta que conlleva la planta que tanto nos gusta la que ha llevado a Diego a decir: “paso”. La marihuana puede ser un buen vehículo para el cuelgue, pero la sustancia en sí sabe encontrar sus propios límites. Y Diego fue, es y será un monumento a la desmesura, un tipo que desborda pasiones, talento, mugre, todo. Un genio desatado. Es decir, un merquero de la vida, por más que haya abandonado ya –afortunadamente, si es eso lo que él quiere– sus viejos hábitos.

Pero una cosa es dejar de tomar y otra muy distinta es volverse un pastor de rebaños ajenos. Como Andrés Calamaro, Maradona no salió en ningún lado a victimizarse de nada. Es su rollo, y él lo sabe. Y encima, ahora le tira al poder del fútbol argentino y mundial un dardo envenenado, convocando al Chino Garcé, un fumón de la vida.

Una vez más, Diego duro contra la FIFA. Como siempre.

 

Copa cannábica

 

Sí, estoy convencido: todo va a salir bien. Y cuando lo vean al Chino Garcé levantando la copa del Mundo, piensen en esos trofeos llenos de cogollos que suelen ilustrar las páginas de esta revista. Garcé no sólo es un buen jugador de fútbol, sino que además le va a aportar buena onda al vestuario. Además, va a aportar circulación en el mediocampo, pues seguramente se formará alrededor suyo una ronda entre la defensa y la línea de volantes (VER ILUSTRACIÓN).

El Chino es un jugador que convida. El Chino no es ningún morfón. Y mucho menos un careta. Por eso cuando los muchachos vengan con la copa, después de dar la vuelta en el Obelisco, después de la concentración en Plaza de Mayo, después de ver a Diego levantar la copa una vez más en el balcón de la Casa Rosada, nos vamos todos a Santa Fe. O a donde sea que se encuentre el Chino. Porque seguramente por allí van a circular unos churros del tamaño de esos habanos que fuma el Turco Mohamed, técnico del Chino en Colón, y también de los que fuma Diego.

Sí, uno de esos que vamos a prender todos si Argentina sale campeón, para festejar. O también de los que nos vamos a prender si Argentina pierde, para olvidar las penas. Empieza el Mundial. ¡Vamos, Argentina! ¡Vamos, Diego! ¡Vamos, Chino! ¡Vamos los cracks europeos, los jugadores del pueblo y el ídolo del país fumón! ¡Vamos todos! ¡Argentina campeón! Sí, en serio, todo va a salir bien. Ustedes fumen…

 

 

(THC, junio de 2010)