DICCIONARIO MEDIÁTICO ARGENTINO 43

espionaje. Modalidad que consiste en utilizar a los servicios de inteligencia (ver servicio) para espiar a adversarios políticos y hacerse con información para utilizar en su contra. El espionaje, originalmente, se supone que debería utilizarse para desarticular complots contra el estado, el sistema democrático o los intereses nacionales. Pero como las tres expresiones tienen en la Argentina un significado absolutamente relativo, bien puede interpretarse esto como el espionaje a los enemigos políticos. Además, para defender los intereses del país es necesario pelearse con demasiados adversarios poderosos. Por eso resulta mucho más sencillo y práctico dedicarse a espiar a perejiles que nos vienen rompiendo las pelotas.  Para ello se utilizan las redes con las que cuenta el propio Estado, incluyendo los agentes encargados de obstener la información, llamados espías(ver espía).En la mayoría de los casos, el espionaje da sus frutos y realmente se obtiene información comprometedera y actos repudiables, independientemente de que también resulten repudiables los métodos para obtener esa información. Pero en otros casos, la información obtenida no es comprometedora. En tales casos se pasa a la fase superior del espionaje: la de inventar evidencia, siempre con el objetivo de masacrar al adversario.

extorsión. Maniobra que consiste en obtener favores políticos de un funcionario o dirigente a cambio de no dar a conocer una información íntima y/o comprometedora, generalmente obtenida mediante espionaje. La extorsión no suele ser un hecho aislado, sino que en general forma parte de una red que incluye a espías, servicios, periodistas y dirigentes políticos, empresariales y sindicales. La extorsión es una herramienta fundamental para lograr que los representantes del pueblo tomen alguna decisión a la hora de aprobar o rechazar un proyecto de ley. Pero también sirve para negociar candidaturas, adjudicar licitaciones y llevar adelante muchas de las acciones que hacen al normal funcionamiento del sistema democrático. 

inflación. Aumento en el precio de las cosas y de las tarifas. La inflación redunda en una pérdida del salario real, puesto que nunca los aumentos de sueldo llegan alcanzar los aumentos que sufren los precios. La inflación es uno de los grandes miedos argentinos. Durante casi una década, los argentinos vivimos sin inflación y con un dólar estable, una situación que, por momentos, no parecía real, pero a la que llegamos a acostumbrarnos. La salida de la convertibilidad volvió a poner las cosas en su lugar. Y desde hace tiempo los argentinos recuperamos ese ya clásico pánico a la inflación. Algo que en los últimos años se ha vuelto más notable y más aterrador que nunca, al menos en los últimos 30 años.

juez de la Nación. Magistrado que imparte justicia. Como toda forma de representación política e institucional, no gozan de muy buena reputación en la mayoría de la población. Pero la percepción de la opinión pública puede mutar de manera rotunda de acuerdo al posicionamiento de los medios hegenónicos. El discurso varía de manera contundente: un día un juez puede ser un respetable portador de justicia, y al otro pasar a ser un sesgado personaje que defiende oscuros intereses. En este tipo de discursos se tiende a demonizar a los jueces que toman una determinada posición política. Como si no fuera mejor conocer dónde está parado un juez, que dejar que nos venda una posición “neutral” y “apolítica”, dos cosas que, se sabe, no existen en ningún ser humano, y mucho menos en una persona que necesariamente tiene que estar muy politizada, como es el caso de un juez de la Nación.

periodismo de investigación. Rama del periodismo que se ocupa de llevar adelante trabajos que denuncian situaciones de injusticia. En teoría, el periodismo de investigación necesita de mucho tiempo para, valga la redundancia, investigar. Con la precarización laboral entre los periodistas, el periodismo de investigación se torna muy poco solventable. Si existe aún en alguno de los grandes medios es por la presencia de un aliado fundamental, injustamente ignorado a la hora de hablar de quiénes sostienen el periodismo de comunicación: los servicios de inteligencia. Los carpetazos (ver) que difunden los espías son muy detallados y suelen incluir pruebas contundentes: facturas, gastos, fotos, audios y mensajes de todo tipo. Gracias a este desinteresado aporte de los servicios de inteligencia, el periodismo de investigación puede mantener bien alto su buen nombre y honor.

servicio. Nombre genérico para denominar a los agentes encubiertos de los servicios de inteligencia. Alguna gente suele sobreactuar su paranoia de que todo el mundo sea “servicio”. Algo que no es cierto: es más la gente que no es servicio. La gente que sí es servicio es una minoría. Al menos por el momento. Esto no quita que, con la profunda crisis económica que hay en el país, y con la precarización laboral que están sufriendo los periodistas, el asunto pueda revertirse pronto. Hoy por hoy, ser servicio sea más rentable de ser periodista. Pero no se sabe qué puede suceder el día de mañana. Si es que para entonces sigue existiendo eso que solíamos denominar “periodismo” y quienes lo hacen, los autopercibidos “periodistas. Aunque también es posible que, en términos económicos, lo más rentable es ser un periodista-servicio. Lo mejor es asumir que vivimos en medio de la posmodernidad, en un mundo donde las etiquetas y los encasillamientos ya no tienen ningún sentido.

unidad. Llamado desesperado a que se junte gente a la que, a priori, le costaría estar en un mismo ámbito. La “unidad” debe estar motorizada por un objetivo común y prioritario, que es ganarle una elección a quien detenta el poder. Pero la unidad de muy difícil de lograr. Hay quienes aseguran haberla visto y, afirman: “Se parece mucho al capitalismo con rostro humano”. Es que la unidad tiene un sustento teórico y conceptual que resulta muy complejo de analizar, que tiene varios niveles de lectura, pero que podría resumirse del siguiente modo: “Jùntense para ganarles a estos”.

unidad del peronismo. El peronismo es el lugar donde más se ejerce y se alienta la idea de “unidad”. Si uno dice la palabra “unidad” sola, indefectiblemente alguien podrá acotar “del peronismo”, como si fuera una idea que completa a la otra. Esto demuestra la clase de utopía que representa la “unidad” para el peronismo. Pero, ¿por qué la “unidad” se vuelve algo tan imperante, cuando bien sabemos que el peronismo suele contener a sectores que ideológicamente representan polos opuestos? La respuesta es simple: el peronismo se aferra a esta idea identitaria de la unidad cuando lo que está en riesgo es, precisamente, la pérdida de esa identidad peronista. Por algo, más allá de las mil maneras de ejercerla, la identidad peronista es una sola y bien distina a la identidad no peronista. Y ni hablar de la identidad anti peronista.

Unidad de la izquierda. Si la unidad del peronismo resulta una marca identitaria peronista y, por lo tanto, nacional, la unidad de la izquierda es una marca identitaria universal. Allí donde existe una izquierda (y esto es, básicamente, en todo el Mundo), esa izquierda tiene variantes, algunas de ellas irreconciliables con otras.Entonces surge la fe, la creencia, la superstición. La izquierda suele presentarse a sí misma como racional. Y, en ese sentido, parecería ser la contracara del peronismo. Pero si de llamar a la unidad se trata, la izquierda puede ser tan metafísica como el peronismo. Lo curioso es que siempre que se invoca a la unidad, de alguna manera se convoca también a la idea de que es posible vencer en las elleciones. Y en general, cuando se habla de esta idea, se menciona el hecho de ganarle a la derecha gobernante. La idea del triunfo electoral asociado a la izquierda, hace aún más delirante este poco fructífero llamado a la unidad que muchos militantes de izquierda repiten como un mantra salvador.

 

(Publicado en revista MU, marzo de 2019)