DICCIONARIO MEDIÁTICO ARGENTINO 38

cosas (que pasaron). “Pasaron cosas” fue la frase que eligió un presidente de la Nación para explicar por qué hubo un aumento del dólar de un 40% de un día para el otro, lo que ocasionó un aumento también en los combustibles, en los insumos importados y en el costo de la vida en general. Algo que no tuvo su correlato en los salarios, que sufrieron una violenta disminución en términos relativos. “Veníamos bien pero pasaron cosas”, dijo el primer mandatario. La primera parte del enunciado (”veníamos bien”) puede generar controversias, pues hay mucha gente que cree que las cosas no estaban yendo bien. Pero la falta de certeza del “pasaron cosas” (no se sabe qué cosas pasaron, por qué, quién las ocasionó ni cuáles serán las consecuencias de esas “cosas” que “pasaron”) no fue de gran utilidad a la hora de llevar tranquilidad a una población angustiada por lo que estaba pasando. Que no eran precisamente las “cosas” a las que se refirió el presidente.

devaluación. Clásico argentino como el dulce de leche, el mate, el tango, la ojota con media o la picana eléctrica. Se trata de la pérdida de valor de la moneda local (en los últimos años hubo peso moneda nacional, peso ley, peso argentino, austral y peso) respecto del dólar. Cada devaluación implica que se necesitan más pesos (o la moneda local que fuera) para comprar un dólar. Y como el precio de todo está atado al dólar (el combustible está atado al precio del dólar porque el petróleo tiene precio internacional; entonces todo está atado al dólar), cada vez que hay una devaluación, aumenta todo. Menos el salario. El salario a veces aumenta, pero no de manera proporcional. Cada devaluación implica una pérdida del salario real. En 1985 la moneda argentina pasó a ser el austral. Que, como cada vez que se cambia una moneda, valía 1 dólar. El peso actual se instauró en 1991 y valía un dólar. En el momento de la llamada convertibilidad (un peso=un dólar), el peso equivalía a 10 mil de los antiguos australes. Con el dólar a 40 pesos, hoy harían falta 400 mil australes para comprar un dólar. Por el momento, el dólar viene ganando. Por el momento.

 

ministerio. Dependencia del Poder Ejecutivo que se ocupa de administrar las políticas de las áreas que un Gobierno considera relevantes. En general, cada Gobierno cambia el sistema de ministerios y crea algunos nuevos como para marcar una agenda. Cuando un Ministerio deja de serlo para transformarse en Secretaría es porque a ese Gobierno el área le importa bastante poco. Pero los ministerios tienen también una contracara: suelen funcionar, sobre todo en sus niveles bajos y medios, como bolsa de trabajo para las estructuras políticas. Esto último, si bien es cierto, también sirve como excusa para quienes quieren despedir gente del Estado, pues cree (o hace creer) que de ese modo bajará el “gasto público” (ver). En realidad, tan cierto como el hecho de que los gobiernos suelen usar los ministerios para favores políticos, es que la incidencia de la reducción de puestos laborales en ministerios no redunda en una baja significativa del “gasto público”. Por no mencionar el hecho de que quienes supuestamente pretenden eliminar puestos laborales de los ministerios, lo que en realidad buscan es reemplazar a esa gente por otra de su propio signo político. De ese modo, los ministerios siguen utilizándose como bolsa de trabajo. Pero con otro color político. Lo cual demuestra que la diferencia entre el populismo y quienes defienden la república es profunda e insondable.

 

tormenta. Contingencia climática que puede tener efectos nocivos y hasta destructivos. Las tormentas se pueden predecir, pero no prevenir. Algo que diferencia claramente a las tormentas de los ciclos económicos o políticos. Sin embargo, algunos gobernantes le echan la culpa a posibles “tormentas” de cuestiones que son estrictamente políticas o económicas. Como si el aumento del dólar pudiera ser equiparable a la caída de un rayo, por ejemplo. Es curioso cómo la meteorología se transformó en un terreno donde abundan las metáforas para intentar explicar ciclos económicos o políticos. Piénsese en términos como “nubarrones”, “lluvia de inversiones!, “chubascos”, etc. Quizá sea ese el motivo por el cual la gente que se ocupa de dar el pronóstico del clima en los noticieros se transforma en celebridades, trascendiendo el ámbito de lo meramente meteorológico.

 

(PUBLICADO EN REVISTA MU, SEPTIEMBRE DE 2018)