DICCIONARIO MEDIÁTICO ARGENTINO 37

aportes de campaña. Las campañas electorales (ver campaña) tienen estipulados un tiempo y un costo. Cada partido recibe fondos públicos y espacio en medios de comunicación de acuerdo a su cantidad de votos que sacó. Los fondos y el espacio son muy acotados. Y en los hechos, representan entre un diez y un veinte por ciento de lo que en realidad se termina gastando. Sobre todo en los partidos más grandes. Esta enorme cantidad de dinero es ilegal. Nadie se lo cuestiona, aunque está a la vista de todo el mundo. Algunos trámites están bien aceitados. Por ejemplo, el de los aportantes privados. Ellos sí pueden aportar. Pero no siempre quieren poner la cara. Es tal la cantidad de dinero injustificada que siempre termina fallando algo. O se cae en la desidia que provoca la aparente impunidad. Y se presentan aportantes inverosímiles, sacados de listados de algún registro público y no de un listado de amigos y allegados que podría justificar aportes a la campaña. El abismo que existe entre lo que se debería gastar en una campaña por ley, y lo que en realidad se termina gastando hace que los aportes de campaña sean una de las zonas más oscuras de la corrupción vinculada al poder político y al financiaminto de los partidos. Un terreno sobre el que no faltan las zonas oscuras. Si a eso se le suma la impunidad con que se cree que se cuenta, suele haber muchos cabos sueltos.

 

chofer. Persona que maneja un vehículo para trasladar a otra o a otras. En los hechos, persona que maneja la agenda de un dirigente. Fueron distintas las personas a las que los personajes poderosos fueron confesando sus secretos más íntimos. La confesión fue durante siglos un mecanismo cristiano de conocimiento incondicional de las personas. Le siguieron los psicoanalistas y, en tiempos más modernos, los contadores. En la actualidad los choferes de funcionarios suelen ser quienes terminan compartiendo los secretos más íntimos de sus patrones. Y es así que luego se transforman en testaferros y socios menores pero importantes de cualquier negocio oscuro. Muchas veces, los choferes terminan cobrando notoriedad y hasta presentándose a cargos públicos. Inclusive hay quienes logran demostrar en la política un manejo tan bueno como el que tenían con el vehículo.

 

cuaderno. Conjunto de hojas de papel encuadernado con dos tapas de cartón o cartulina. Las hojas pueden ser blancas lisas, con renglones, cuadriculadas o pentagramadas. Los hay de diferentes tamaños. En política tomaron una relevancia insólita a partir de la difusión de unos cuadernos donde estarían anotadas, paso por paso, todas las operaciones de pago, retiro y traslado de dinero ilegal. A esto se le sumó el hecho de que luego los cuadernos nunca aparecieron, sino tan sólo las fotocopias. La presunción de que un elemento vinculado con el imaginario escolar puede contener la prueba de un enorme desfalco al Estado le terminó de dar al caso todo el morbo que necesitaba. Y pronto el cuaderno se transformó en sinónimo de corrupción. Algo parecido a lo que sucedió con las valijas, los bolsos o las bóvedas en casos anteriores.

 

Gloria. Aquello con lo cual se debe morir, de acuerdo a la letra del Himno Nacional Argentino, escrita por Vicente López y Planes. También marca de un cuaderno muy popular. Hay algo triunfalista en las marcas de cuadernos, ya que las más conocidas se llaman Gloria y Éxito o tienen nombres de próceres del siglo XIX, como Rivadavia o Laprida. La irrupción de los cuadernos (ver cuaderno) en la vida política argentina hizo tomar relevancia a estar marca. Y aquello de “con gloria morir” con que termina el Himno cobró una inesperada y sorprendente actualidad.

 

Senado. Institución retrógrada que representa la casta principal del Poder Legislativo. El Senado es el lugar donde, se alega, el país se vuelve más federal. Y es así que una provincia con 500 mil habitantes tiene la misma representatividad que otra que tiene 15 millones. Esto no significa que las provincias más pobladas tengan mejores senadores que las menos pobladas. El Senado es un misterio y encontrar gente más o menos sensata no resulta sencillo. En un debate en el Senado se pueden escuchar cosas como que existe una violación no violenta; que los fetos tienen alma; que si la madre de Vivaldi hubiera abortado, Vivaldi no habría nacido; o que una persona diga que va a votar en contra de un proyecto de ley que no leyó. Alguien dirá que estos argumentos no son muy distintos a los que se escucharon en la Cámara de Diputados. Y es verdad. Pero en el Senado hay más representantes que dicen cosas así. O se hacen escuchar más. O su opinión pesa más. Y es así que se terminan aprobando propuestas de gente que piensa ese tipo de cosas. O rechazando proyectos de gente que piensa distinto a la gente que piensa así.

 

(Publicado originalmente en MU, agosto de 2018)