Diario del aborto en el Senado (3)

Otra jornada intensa en las audiencias en el Senado por el Aborto Legal. Nueve horas de exposiciones donde coincidieron el actual Ministro de Salud de Mauricio Macri con el ex Ministro de Salud de Néstor Kirchner. Ambos a favor. Además, las experiencias internacionales de un país un una gran capital de Latinoamérica que legalizaron: Uruguay y Ciudad de México. El poeta Bullrich y el anticlerical Pichetto, senadores estelares. Y el fuego verde presente y futuro de Juana Garay. Pasó de todo.

 

Una presentación saludable

Si esto fuera un espectáculo con entrada paga, los organizadores estarían exultantes, pues no les quedaría más remedio que colgar el cartel más deseado, el más preciado, el más codiciado: “No hay más localidades”. Pero esto es un plenario de comisiones en la Cámara de Senadores, donde expone gente a favor y en contra de la legalización del aborto.

El salón Iliia está lleno de gente desde el comienzo, no entra más nadie, es la jornada más convocante de todas. No es para menos: hoy habla el Ministro de Salud, Adolfo Rubinstein. Rubinstein habla como ministro de un gabinete que está partido en dos en cuanto al tema. Y en un Senado en el que el partido del que forma parte también está dividido, aunque la mayoría de sus senadores está en contra.

“Yo vengo de la investigación y siempre he tenido un gran respeto por los datos –arranca Rubinstein-. Y todos son datos serios, sólidos. Entiendo que los datos a veces pueden ser más o menos sólidos. Pero la decisión está tomada por los datos rigurosos”.

Rubinstein habló mostró powerpoint y tiró datos. Muchos datos. Datos del Ministerio de Salud, de la Organización Mundial de la Salud. Datos sobre hospitalizaciones por abortos complicados, sobre muerte materna, sobre presupuesto, sobre lo que sea. Y habló también de los datos que faltan, por la ilegalidad.

También hizo referencia a la educación sexual, a los anticonceptivos y hasta habló de la continuidad durante su gestión de políticas implementadas desde el Gobierno anterior. Luego mostró el mapa del mundo, con los países donde es legal y los países donde no. Y siguió con una comparación de la situación entre estos países.

Una hora y media duró la presentación de Rubinstein, entre la ponencia y las respuestas a las preguntas que le hicieron senadoras y senadores. Muy claro lo del Ministro de Salud. Muy saludable.

 

Pichetto el hereje

“Excelente presentación, Ministro –fue el piropo del senador Miguel Ángel Pichetto a Rubinstein-. Si yo hubiera estado en contra no hubiera podido preguntar nada. Usted hizo un aporte significativo con tantos datos que dio. Y hay que reconocer también el aporte del presidente Macri al habilitar este debate. Si yo fuera de Cambiemos me sentiría orgulloso”.

Terminó de hablar Pichetto y Esteban Bullrich tomó la palabra: “Es una gran noticia que el senador Pichetto se haya vuelto macrista. Sobre todo ahora que tenemos que tratar el presupuesto”, chicaneó el senador de Cambiemos.

Pichetto esperó un rato para contestarle. Más precisamente, hasta después de que habló Ginés González García. “Quiero recordar que cuando usted repartió preservativos –dijo Pichetto en referencia a Ginés- el obispo castrense Baseotto sugirió atarlo a una piedra y tirarlo al río. Del mismo modo que se opuso la Iglesia al reparto de preservativos en África, cuando la gente se moría de sida”.

“No me volví macrista –continuó Pichetto-. Y tengo un gran respeto por el senador Bullrich, que me parece un hombre honesto. Pero si fuera macrista destacaría esto de mi presidente, como me sentiría orgulloso de la presentación que hizo el ministro Rubinstein”.

La senadora María Cristina Fiore le pidió a Pichetto que no le faltara el respeto a la Iglesia, pero el senador peronista por Río Negro insistió: “Es imprescindible que la Iglesia entienda cuál es el rol de la mujer hoy en la sociedad, que comprenda los cambios que estamos viviendo. Y que asuma que tuvo una posición retrógrada respecto del divorcio vincular, el matrimonio igualitario y ahora, con el aborto legal”.

Sí, leyeron bien: eso lo dijo Pichetto, no Susy Shock.

 

Pago a proveedores

“Yo hice el juramento hipocrático y me acuerdo bien”, arrancó el rector de la Universidad Católica Argentina, Miguel Schiavone, como respuesta venenosa a Rubinstein, que había dicho que no recordaba qué decía el juramento hipocrático, pues no importaba, porque era cosa del pasado.

“La principal causa de muerte en la Argentina es la pobreza -generalizó Schiavone-. Las mortalidades materna e infantil, y el aborto, son una cuestión de salud pública sólo porque son parte de un país inmerso en la pobreza. Esta ley atenta contra la solidaridad social y cultiva el individualismo”.

Schiavone hizo una presentación clásica en las filas de los antiderecho: arrancó tranquilo, sugiriendo mesura, y terminó mostrando la verdad sobre los verdaderos intereses que sostiene. “Esta ley condiciona nuestro futuro mucho más que cualquier acuerdo o préstamo internacional”, expresó, volviendo al recurso remanido de vincular a la legalización del aborto con un pedido foráneo.

Para concluir dio cátedra de la igualdad de género según los antiderecho, cuando le preguntaron por el rol del hombre dentro de esta ley: “El hombre deberá ser el proveedor del hogar, así como la mujer es la proveedora del niño por nacer, primero, y en el niño pequeño, después. El hombre actual colabora en el hogar porque la mujer necesita realizarse como persona”, explicó.

Lo que se dice un tipo amplio. Y quien piensa otra cosa es una feminazi.

 

Gol uruguayo

Lo siento mucho. Díganme machirulo, si quieren. Llámenme hijo del heteropatriarcado, acúsenme de haber abandonado la dieta de la deconstrucción. Piensen lo que quieran. Pero se me hace inevitable la comparación futbolera. Por un lado, puede hablarse de garra charrúa. Por otro, puede decirse que Leonel Briozzo ganó, gustó y goleó.

Briozzo es médico ginecólogo y empezó su charla pidiendo disculpas a sus pacientes, porque hoy no iba a poder atender. El doctor es el jefe de servicio de la Maternidad Augusto Tourenne del Hospital de la Mujer del Centro Hospitalario Pereira Rossell, el más importante en esa especialización en Montevideo. Y allí atiende de lunes a sábado, desde las 8 de la mañana.

Además de su trabajo como médico, Briozzo fue Subsecretario de Salud durante la presidencia de José Pepe Mujica, y uno de los grandes responsables de la legalización del aborto en el Uruguay. Curioso: para su presentación en el Congreso luce una corbata celeste. Aunque en su caso parece más vinculada con la camiseta de su Selección que con el color antiderecho.

La presentación de Briozzo estuvo cargada de datos, con powerpoint, y fue contundente respecto de lo que había pasado en el Uruguay con el aborto legal. “Hoy somos el segundo país con menos muertes maternas, superado sólo por Canadá”, arrancó.

“En nuestro país, con la ley también disminuyeron las enfermedades maternas y la mortalidad infantil –continuó Briozzo-. Y también disminuyeron los abortos, cosa que sucede en general con los países en los que se legaliza el aborto. Y digo en general porque hay excepciones, como Cuba, donde el aborto no disminuyó con la legalización, que sucedió al comienzo de la revolución”.

También destacó otros aspectos de la legalización y derribó algunos mitos: “No es cierto que las mujeres pobres abortan más. Como decimos del otro lado del charco, ‘esto es algo que pasa en las mejores familias’. La legalización terminó también con el estigma que había sobre la mujer”.

Uno de los temas centrales del debate, en general, fue la objeción de conciencia. “No tuvimos problemas en ese sentido –explicó Briozzo-. La ley ayudó a que tengamos más y mejores profesionales, en todo sentido. También en cuanto a la formación ética. La idea es que no importa lo que pienso, sino lo que necesita el paciente. Por supuesto que hay objetores de conciencia. Pero quienes no pueden hacer un aborto por convicciones personales son conscientes de que tienen que buscar a quien lo haga”.

Briozzo explicó que con el aborto tampoco se fue afectada la tasa de natalidad de su país. “Sé que esto es algo que a ustedes aquí en la Argentina les puede parecer irrelevante, pero en un país con 3 millones 400 mil habitantes es algo importante”, aclaró.

En cuanto a otro de los temas centrales del debate, el “gasto” que le ocasionaría al Estado afrontar el aborto legal, el doctor Briozzo dio cifras concretas: “Cada aborto cuesta en promedio unos cien dólares”. La cifra surge del hecho de que el 96% de los abortos en el Uruguay son farmacológicos ambulatorios y el 3% son farmacológicos institucionalizados. Sólo el 1% restante requieren internaciones producto de complicaciones.

“Los 100 dólares son producto del medicamento y de la atención médica –explico Briozzo-. Y esto es porque tenemos que importar el Misoprostol. Pero me enteré que aquí en Santa Fe lo están empezando a fabricar. Si esto sucede, mi país podría ser el primero en comprarles, con lo cual se podrían abaratar los costos”.

A Briozzo le preguntaron si no creía que la vida comenzaba con la concepción. “Concepción es un concepto religioso –respondió-. En medicina hablamos de fecundación. Desde luego que la vida del feto es invaluable. Para mí el feto es un paciente más. Siempre que la madre así lo establezca, por supuesto. Porque la madre es la única que puede representar a ese paciente”.

Por último, Briozzo dijo que legalizar el aborto no soluciona nada si no se llevan adelante también programas de educación sexual y reparto de anticonceptivos. Y explicó cómo había sido esa experiencia en su país. “Nosotros somos pro vida y ese derecho no voy a permitir que me lo quite nadie”, concluyó el ex Subsecretario de Salud del Uruguay.

Ni Edinson Cavani la hubiera clavado así, en el ángulo.

 

Ay, paisito

Al diputado uruguayo Gerardo Amarilla le tocó el triste papel de ser la contracara de Briozzo y explicar por qué en su país el aborto legal había sido un fracaso. La exposición de Amarilla fue muy útil para demostrar que existe algo más ridículo que oponerse a la legalización del aborto. Y es oponerse al aborto cuando ya es legal.

Amarilla no aportó datos claros, todo fue muy confuso, hasta que llegó una pregunta que permitió entender de qué iba su exposición: “Para mí la mujer que aborte debería ir presa”, aseguró. Y cerró con broche de oro en un tono conspiranoico que cada tanto aparece entre los antiderecho: “La legalización del aborto es una estrategia de la ONU para reducir la población mundial”, afirmó. Lógico, si no fuera por la ONU, Uruguay no sería un paisito sino un paisote.

 

The Bullrich horror show

El senador Esteban Bullrich llegó temprano al salón Illia y se quedó sentado varias horas escuchando. Bullrich fue el primer Ministro de Educación de Mauricio Macri y logró un gran triunfo electoral al vencer a Cristina Fernández de Kirchner en los comicios para senadores en la Provincia de Buenos Aires, el año pasado.

El ex ministro tiene una militancia destacada en lo que los antiderecho llaman “defensa de las 2 vidas”. Hace unos meses, Bullrich se hizo famoso también como poeta, cuando publicó en su cuenta de Facebook el poema “Yo te amo, mamá”, en el que realizó una operación de enorme destreza literaria, al escribir en primera persona desde el punto de vista de un feto.

Después de chicanear a Pichetto, el senador y ex ministro tomó la palabra para cuestionar al Ministro de Salud de su propio Gobierno, de su propio partido. Este enfrentamiento de posiciones es algo que se da naturalmente, sobre lo que no hay mucho cuestionamiento social. Es más, es visto como un acto democrático, de sano disenso. ¿No debería haberse observado, entonces, del mismo modo el “voto no positivo” de Julio Cobos cuando se votó la 125, hace diez años?

Luego de dejar claro que “la vida comienza en la concepción”, que estaba allí para “la defensa de las 2 vidas” y que había que elegir el largo plazo, el ex ministro Bullrich, de Cambiemos, le preguntó al actual ministro Rubinstein, de Cambiemos: “¿No estamos eligiendo el camino más fácil?” “Coincido en que hay que elegir el largo plazo, porque la solución de fondo es la prevención –respondió Rubinstein- El problema es el mientras tanto”.

Pero el verdadero gran momento de Bullrich fue cuando cruzó a su colega, el senador chaqueño Eduardo Aguilar. Se realizaba la ronda de preguntas a Ernesto Beruti, obstetra del Hospital Austral.

Beruti había plantado bandera de entrada: “Un embrión es un ser humano, es evidente”. Y después cometió una de las mayores aberraciones propias de los militantes antiderecho: se refirió al derecho a la vida de los “bebes”. Sí, así, sin tilde. Beruti habló de “bebes” en lugar de “bebés”. El horror.

“Estoy convencido de que una mujer que aborta no es una asesina, sino una víctima –aclaró Beruti- . Si no fuera así, estaríamos creando un problema. A la mujer que se hace un aborto hay que ayudarla, hay que acompañarla, no mandarla a la cárcel”.

Cuando le tocó preguntar, el senador Aguilar expresó: “Usted habla de acompañamiento, pero si el aborto es ilegal, nadie va a admitir que abortó por miedo a ir a la cárcel. Y si nadie dice nada, no puede haber ningún tipo de acompañamiento”. Beruti no llegó a contestar porque antes habló el senador Esteban Bullrich.

“Si es por eso, a los adictos habría que darles droga en los hospitales y controlarlos, acompañarlos”, dijo el ex Ministro de Educación de este Gobierno. El mismo Gobierno que tiene como ministro de Salud a Rubinstein. Una joya. O, mejor dicho, un verdadero poema.

 

Una desigualdad sin igual

“Este es un debate sobre la desigualdad –aseguró Nora Maciel, investigadora de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional del Noreste, en Corrientes-. Sobre la desigualdad entre mujeres ricas y mujeres pobres, sobre la desigualdad entre hombres y mujeres, y es también un debate sobre la salud pública en el marco de esa desigualdad”.

“El cuerpo de las mujeres se concibe como propiedad del Estado, como envase o como incubadora –continuó Maciel-. Lo que molesta al sistema patriarcal es el empoderamiento de las mujeres”.

Breve, contundente. Sin igual.

 

Voto ministerial

El salón Illia seguía lleno para esperar a la segunda estrella del día. Ya había pasado un Ministro de Salud en ejercicio, Adolfo Rubinstein, ministro del presidente Mauricio Macri. Ahora era el turno de un ex Ministro de Salud, el del presidente Néstor Kirchner. Ginés González García se había expresado a favor de legalizar el aborto hace años, siendo ministro, inclusive cuando las posibilidades de debatir una ley parecía un tema de la ciencia ficción.

“Hoy el lugar de venta del mercado negro de Misoprostol es internet, es Mercado Libre –afirmó Ginés-. Pidieron que no se lo llamara por ese nombre, entonces le cambiaron un par de letras o lo llaman de otra forma. Pero no se puede evitar eso, lo sabemos bien. Es imposible de controlar”.

“Hay abortos de ricas y de pobres, no es lo mismo –continuó el ex ministro-. Esta ley implicaría una reducción de la brecha social. Legalizar es la política más eficaz para igualar derechos de las personas”.

Ginés habló de lo “saludable” que resultaba el movimiento social que se generó en torno al pedido de legalización del aborto. “Esta es la manera de cambiar la historia –expresó-. Tenemos que entender que si queremos parecernos al Primer Mundo tenemos que empezar a implementar las políticas que llevan adelante ellos”.

“Con todo respeto, yo quiero parecerme a Europa, no a África –agregó el ex ministro-. Y por favor, dejemos de lado las teorías conspirativas. Dejemos de decir cosas como que la ONU quiere bajar la tasa de natalidad. La ONU la integran todos los países del Mundo. Nosotros somos parte de la ONU. Además, la ONU puede sentar posiciones, pero de ninguna manera dar consejos”.

Entonces llegó el momento de las preguntas. Y entonces reapareció Bullrich, el poeta. “La democracia tiene una deuda con la desigualdad, no con el aborto –dijo el senador-. Además, las leyes no son mágicas”. “No, las leyes no son mágicas –reconoció Ginés-. Pero pocas veces una ley puede causar efectos tan inmediatos como esta. Mire si no lo que pasa en Rosario, con la implementación del protocolo”.

La presentación de Ginés terminó con un largo elogio de Pichetto, “un reconocimiento por su tarea como ministro de Néstor Kirchner”.

Ginés González y Pichetto, corazón/ acá tienen los pibes para la liberación. O la interrupción, como prefieran.

 

Arrancó el fetito

El obstetra Adolfo Etchegaray apeló al hit embrionista, al “una que sepamos todos” del fetismo organizado. No con la palabra, sino con algo que vale más que mil palabras: la imagen. El tipo arrancó su charla, sacó el control remoto, peló powerpoint y ahí aparecieron las imágenes de ellos, los fetos. Pero el tipo fue más allá y se despachó hasta con fotos de bebés gateando.

Su aporte fue más de lo mismo, pero el fetismo se vio conmovido por esos bracitos, esas piernitas, ese corazoncito latiendo, todo ahí, en diminutivo, porque se sabe que el diminutivo vuelve todo más benévolo.

Si el diminutivo se aplica a la comida, se bajan las calorías o el nivel de grasas saturadas. Todo el mundo sabe que un choricito o una mollejita tienen menos colesterol que un chorizo o una molleja. Pero si el diminutivo se aplica a los seres vivos se gana en ternura: un perrito conmueve más que un perro; una abuelita más que una abuela; y bebito más que un bebé. Y, en ese sentido, el feto es la apoteosis del diminutivo.

Después de una exposición donde empleó el término “feticidio”, concluyó: “El aborto sólo busca suprimir al discapacitado”. Con lo cual se supone que estaríamos incurriendo en discapaciticidio. O sea, terminar con los discapacitaditos.

 

Canta y no llores

La del martes fue una jornada internacional. Después de la contundente ponencia sobre la situación en el Uruguay, llegó el momento de la Ciudad de México. Hace once años que la ciudad más poblada de un país de habla hispana tiene legalizado el aborto.

El sistema federal de México hace que esta ciudad sea el único estado (de las 32 entidades federativas del país) que tiene aprobado el aborto. Puede pensarse que se trata de una ciudad, porque lo es. Pero lo cierto es que sólo en la ciudad de México viven 9 millones de habitantes. Que llegan a 23 millones si se suman los 14 que viven en ciudades satélite.

Sólo la ciudad tiene casi el triple de habitantes del Uruguay. Y todo el casco urbano, la mitad de habitantes que toda la Argentina. En suma, es sólo una ciudad. Pero en términos de la cantidad de gente, bien podría pensarse en todo un país.

El médico obstetra mexicano Patricio Sanhueza fue muy didáctico sobre cómo funcionaba el sistema mexicano. Y en su exposición con powerpoint hasta mostró fotos de las manifestaciones que hubo en México para reclamar el tratamiento de la ley. Cualquier similitud con la marea verde de la Argentina no es pura coincidencia.

Lo más llamativo de la exposición de Sanhueza fue su permanente invocación al consenso y al diálogo que había precedido al tratamiento y la implementación de la ley. Inclusive habló varias veces de “los sectores más conservadores”, que se vieron contemplados y quienes llevaron adelante un programa de adopción.

“Me parece injusto hablar de gasto para hablar de la salud de una mujer –afirmó Sanhueza-. En este caso me parece fundamental aprender a escuchar. Y si hay algo que ha sido fundamental en el tratamiento y la implementación de la ley es que hemos aprendido a escuchar”.

Como ejemplo de aprender a escuchar, Sanhueza contó el caso de una chica de 15 años que llegó acompañada de su madre y su abuela. La madre y la abuela le decían que aborto, pero la chica dijo que no, que ella estaba de novia con el chico de la tienda y que quería tener al chico porque quería “ser señora”. “Es terrible todo lo que tiene para decirnos esto como sociedad”, dijo el médico mexicano.

Cuando le consultaron sobre las extranjeras que llegaban a México para hacerse un aborto, Sanhueza fue categórico: “Vienen algunas, es cierto. Y sobre todo, vienen muchas mujeres de otros estados. Pero eso es irrelevante. También viene mucha gente a los hospitales de México a atenderse por otros problemas de salud. Es algo lógico que sucede en toda gran ciudad”.

En tu cara, fetista. Canta y no llores.

 

Feminismo chabón

No ando por la vida con el pañuelo verde. Tengo una posición clarísima a favor del Aborto Legal, Seguro y Gratuito desde siempre, apoyé desde el nacimiento la lucha de la Campaña, hice pública siempre mi posición. Pero desde el nacimiento de la Marea Verde prefiero quedarme un poco al margen. No porque haya cambiado mi posición. Simplemente porque soy un tipo, un hombre, un varón blanco y heterosexual. Un chabón.

Tengo cierto pudor de sobreactuar un reclamo que tiene que ver con la soberanía del cuerpo de la mujer. Me manifiesto a favor del aborto donde me convoquen, pero no me gusta la estridencia en esta lucha. Discuto, sí, y mucho, con chabones que están en contra. Pero no ando por la vida con un estandarte que no me corresponde. Porque no quiero protagonizar una lucha que no es mi lucha.

Que se entienda: es mi lucha, como lo es toda lucha que tiene que ver con la igualdad de derechos. Pero mi lugar aquí es el de acompañante. Estoy para acompañar, para preguntar si hago falta, para decir: “Cuenten conmigo para lo que sea”. No para decir qué es lo que hay que hacer. Digo esto porque creo que es clave para entender lo que, creo, fueron desde lo argumentativo dos buenas ponencias sobre el aborto.

El médico y ex titular del PAMI, Carlos Regazzoni, y el abogado constitucionalista Fernando Toller dieron argumentos sólidos y en ningún momento derraparon con tráfico de fetos, complots internacionales, genocidios como el nazismo o cosas por el estilo.

Regazzoni pidió un sinceramiento en la discusión: “En ambos casos, en ambas posturas, estamos hablando de cosmovisiones. El argumento, sea cual sea, será un argumento ético, no médico. Antes que una cuestión de salud pública, esta es una discusión filosófica, de valores”.

“En los países centrales se bajó la tasa de mortalidad materna por la economía, no por el aborto –afirmó Regazzoni-. Si queremos parecernos a ellos, pensemos en cambiar la economía. El aborto es un problema de salud pública porque la pobreza es un problema de salud pública. Los sectores más pobres son los que tienen más hijos, aquí y en los países más avanzados”.

Toller, por su parte, de dedicó a destrozar punto por punto del proyecto de ley, argumentando lo que, según él, son “disparates jurídicos”. Habló más de una hora (el tiempo estipulado para cada expositor es de siete minutos) y fue categórico al respecto. Tanto, que cualquiera que no sepa nada de derecho (como un servidor) se sintió apabullado por sus argumentos.

El problema de Regazzoni y de Toller es que son dos tipos, dos varones blancos y heterosexuales. Dos chabones. Como yo. Dos tipos que, además, no se permiten entender qué es lo que está pasando con las mujeres. No como entidad, como enunciado. Como realidad concreta, como cuerpos en movimiento, como puesta en valor, en deseo, en gestación y en acción.

Regazzoni y Toller tienen razones sólidas propias de un mundo que ya no es. Ni en los valores ni en las leyes. Ni en la medicina ni en las relaciones sociales. Un mundo que es el mundo en el que crecimos y nos desarrollamos. Un mundo en el que existimos y aprendimos a ser. Y un mundo que tenemos que cambiar. Ni siquiera hablo de cambiar al mundo. Hablo de cambiar nosotros, nosotras, nosotres.

Nos están reclamando un cambio. Las mujeres nos están mostrando cosas que están mal, nos están pidiendo a gritos un cambio, una nueva mirada, una nueva manera de comportarnos, de ser. Y, como decía Sanhueza sobre la experiencia en México, este es un momento de escuchar.

Los chabones llevamos miles de años diciéndoles a las mujeres cómo debe ser el mundo. Pensemos en los filósofos, en los médicos, en los abogados y jueces: todos tipos marcando las pautas de cómo debe ser la sociedad.

No hablo de dejar de opinar. Hablo de escuchar. Hablo de respeto.

 

El futuro llegó

“Somos un fuego verde que recorre América latina. La maternidad será deseada o no será. Y como familia elegimos tener miles de hermanas”. Juana Garay conmueve con sus palabras apasionadas, de consignas incendiarias, cargadas de futuro, como decía Gabriel Celaya sobre la poesía. Palabras que arrancan parafraseando al Manifiesto Comunista de Marx y Engels, y continúan citando a Eva Perón.

Juana es la presidenta del Centro de Estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires. Tiene 17 años, está en quinto año. “Ustedes pueden discutir si las jóvenes debemos o no abortar pero les tengo una mala noticia: ya lo hacemos”, dice Juana que tiene puesta una camisa a rayas verdes y blancas. Sí, el verde de los pañuelos vuelve magnética su imagen.

“A las mujeres nos golpean, nos violan, nos matan –aseguró Juana-. Por eso emergimos en las plazas, en las escuelas, en los trabajos. Sabemos que vamos a vencer. Pero no por milagro, sino porque estamos militando esto. Estamos haciendo una revolución”.

A la hora de las preguntas, la senadora Inés Brizuela, contraria a la ley, felicitó a Juana por pelear por sus convicciones: “En eso estamos del mismo lado, aunque no coincidamos en el planteo y tengamos distintos métodos”, expresó la senadora. Y para contestarle, la dirigente estudiantil eligió un tono conciliador, lejos de estridencias y apostó a lo que viene.

“Los métodos diferentes que usted plantea tienen que ver con la diferencia generacional –respondió Juana Garay-. Entiendo sus valores, pero hoy esos valores cambiaron. Los jóvenes pensamos de otra manera. El aborto legal es un reclamo generalizado en nuestra generación. Tenemos valores distintos y la ley debe ser pensada para esa sociedad, para mi generación y las generaciones que vendrán”.

Gracias, Juana. El futuro ya llegó.

 

 

Publicado originalmente acá http://www.lavaca.org/notas/diario-del-aborto-en-el-senado-24-7-2018-2/