A la censura ni cabida (entrevista en La Tinta, Córdoba)

Pablo Marchetti presentó en diciembre Pensamientos Incómodos un libro que, con humor irónico e irreverencia, pone en escena esas cuestiones que hemos hablado poco más que con nosotros mismos y que eludimos bajo el apacible manto de las convenciones políticamente correctas. El martes en Subversiones Radiofónicas, el periodista habló de las contradicciones, el poder y la censura con que arremeten cuando le pegás a las multinacionales.

Hace unos años la revista El Guardián le pidió al periodista y artista argentino que escribiese una columna sobre pensamientos incómodos. No contaban con la experticia de Pablo Marchetti en el tema y al leer el artículo, que ponía al descubierto su “condición de progre, de persona de izquierda que lleva a su hijo a McDonald’s”, al consejo editorial le resultó “demasiado incómodo”. Esta experiencia derivaría luego en el libro que está presentando.

“Creo que la incomodidad es el lugar de la creación en mi caso. La incomodidad como lugar de contradicción entre lo que deseamos, y lo que deseamos que fueran las relaciones entre la gente, el funcionamiento de la sociedad. Entonces esa contradicción produce una incomodidad que deriva muchas veces en frustración. Me parece que volcarlo en un hecho artístico, estético como puede ser la escritura es una forma de saldar esto y de encontrar algún alivio frente a esto, sin tratar de ser demasiado indulgente, porque eso ya sería una posición cómoda y no se trata de llegar a la comodidad”.

El conductor Pablo Ramos reflexiona acerca del dinero como límite a la libertad de expresión, y el entrevistado coincide: “Pongo al dinero como un tema tabú y de los más incómodos de todos. Estamos en momentos en que es mucho más factible conocer en detalle conocer la vida sexual de alguien que saber cuánto gana, y está mucho más tolerado dar detalle de cosas que aparentemente forman parte de la intimidad y no decir cuánto gana uno.  Creo que que el lugar que ocupan hoy los contadores es el que anteriormente ocupaban los psicolanalistas y antes los sacerdotes, con esto de la confesión”. 

También hablaron acerca del momento -incómodo, claro- que vivió Marchetti el domingo en el Centro Cultural Kirchner, en el marco de los conciertos de Tango para Músicos. “Fui citado por Agustín Guerrero, que es un músico increíble al que admiro profundamente, que está haciendo una obra que se llama Estupidez que mezcla un poco la música contemporánea con el tango. Ahora es un quinteto que mezcla jazz y rock (…) Me convocó a escribir unos sonetos para cada una de estas obras que conforman Estupidez. Cada una de las obras tiene títulos como Estrés, Disneylandia, Casas de tango, Libremercado, Monocultivo. Yo había leído dos sonetos, uno de ellos, este de Monocultivo, dedicado a Monsanto.”

Cuando Marchetti va a subir al escenario a leer el próximo soneto, uno de los organizadores -que, aclara, pertenecía al Encuentro y no al CCK- se lo impide. No está claro si lo que incomodó a esta persona fueron las palabras contra la multinacional de agroquímicos o la intromisión de la política en la creación artística -tal vez ambas-, lo cierto es que consideraron que podían podar a su antojo uno de los componentes de la obra, como quien deforma a un arbusto en el patio de su casa. “’Si se va el poeta, nos vamos todos’, le respondió Agustín, que después le preguntó al público: ‘¿Quieren que el poeta deje de leer?’ El público contestó que no. Entonces el asistente me dijo que siguiera”, cuenta Pablo en el descargo que realizó en La Vaca.

“Me cuesta hablar de intento de censura porque siempre hay una cuestión de victimizarse, pero la verdad que eso fue lo que pasó, fue un intento de censura. Siempre con alguien, la otra vez Mc Donalds, ahora Monsanto, siempre hay alguien molesto…”.

Dijo sentirse un poco asqueado de lo mediático en sí y más cercano a las expresiones artísticas, aunque siempre hay una intención comunicacional muy fuerte, sea desde el periodismo, la performance, la música o las letras.

“Yo me siento como más ajeno a ese discurso mediático. Siempre me sentí así, pero hubo un momento donde me sentía como denunciando o intentando desnudar los mecanismos de ese poder mediático y, bueno, haciendo una sátira periodística. Para hacer una sátira tenés que comprender y utilizar con mucho conocimiento la cosa que estás satirizando”, sostiene el ex director de Revista Barcelona.

“A mí lo que me importa realmente es la idea de existencia misma del poder. Que se ejerza, no con arbitrariedad, sino que se ejerza ese poder. A mí es algo que realmente me molesta y me incomoda pensar que en algún momento puedo estar ejerciendo yo algun tipo de poder, pero bueno. Trato de desnudarlo, de denunciarlo que es la única forma que me sale de combatir ese poder (…) trato de desarmar o intentar desarmar sus argumentos y sus enlaces discursivos”.

 

 

Nota publicada acá http://latinta.com.ar/2017/02/a-la-censura-ni-cabida/